Archivos para marzo, 2015

  • Un 4% de españoles padecen trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Muchos se enteran en la consulta a la que acuden para tratar a sus hijos.
  • “El TDAH estalla al llegar a la edad adulta porque desaparecen muros de contención como la escuela o la familia”, dice el doctor José Antonio Ramos, psiquiatra del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona.
La falta de diagnóstico en la infancia empeora el trastorno en la edad adulta.
Temas

Según un estudio que hoy publica el New York Times, basado en los datos de Express Scripts, uno de los principales prescriptores de receta del país, el número de adultos que toma medicación para tratar el déficit de atención e hiperactividad se ha duplicado desde 2008 a 2012

Los expertos piden más comprensión hacia este trastorno y advierten de que no es sólo cosa de niños. Según el estudio, aproximadamente 10 millones de adultos americanos podrían padecerlo, frente a los apenas 2’6 que han sido diagnosticados.

“ La primera definición del TDAH la tenemos ya en 1775 y que es un trastorno crónico lo sabemos desde 1902”. El doctor José Antonio Ramos desbarata, de entrada, a cualquiera que se dirija al TDAH como el “trastorno del siglo XXI”. Desde hace 400 años se conoce, pero a día de hoy el 97 por ciento de los adultos que lo padecen, no están diagnosticados. La paradoja alerta a los propios científicos que advierten de la necesidad de tomar conciencia de un trastorno que ha condicionado, sin saberlo, la vida de muchas personas. Entre el 3 y el 4 por ciento de los españoles, según algunos estudios.

Son un auténtico desafío para los especialistas, que en consulta han identificado hasta tres tipos de pacientes: el que ha seguido un tratamiento desde la infancia, pero cuyo trastorno se mantiene en la edad adulta. El del adulto joven que no ha sido diagnosticado y llega a consulta debido a un comportamiento problemático. Y aquellos otros pacientes que derivan desde centros de drogodependencias. En el 89 por ciento de los casos,  el TDAH lleva asociados otros trastornos, como ansiedad, bulimia, ludopatías o adicciones.

Aunque con enorme retraso, que se hable de nuevos casos significa también un éxito “Está empezando a diagnosticarse mejor, y nos tendríamos que felicitar por ello”, dice Ramos, que en 2002 abrió el primer centro de nuestro país para identificar y tratar el TDAH en adultos. Desde el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona su equipo de investigación ha publicado ya casi un centenar de artículos internacionales sobre la prevalencia del trastorno pasada la infancia y la adolescencia.

Por fin, empieza a desterrarse la idea de que va únicamente asociado a los más pequeños y comienza a ser diagnosticado. “La clasificación de trastornos mentales americanos se ha abierto más a la sintomatología del adulto”, dice Isabel Rubió, de la Fundación ADANA, en la que atienden a personas con el trastorno. “Hasta hace muy poco se creía que solo pasaba en niños y adolescentes. Pasaba más desapercibido porque no había unos síntomas de identificación”.

Ana Miranda, catedrática de Psicología Evolutiva de la Universidad de Valencia, y directora de una investigación para el seguimiento en la edad adulta de niños diagnosticados con TDAH comparte el diagnóstico. “Hasta ahora se consideraba que desaparecía en la adolescencia. Ahora se constata que es un trastorno crónico que pude durar a lo largo de todo el ciclo vital”.

Se sabe que el 70 por ciento de los niños que nunca fueron tratados de su trastorno, acabarán padeciéndolo también al llegar a la edad adulta: “es un trastorno del neurodesarrollo, por tanto algunos de los síntomas tienen que haberse manifestado en la infancia. Otra cosa es que hayan pasado desapercibidos”, dice Rubió.

En ocasiones, esos síntomas, en la infancia leves, estallan al llegar a la edad adulta. “Puede que haya sido un niño con TDAH con poca problemática, pero que al llegar a adulto se incrementa mucho, porque desaparecen los muros de contención”, apunta el doctor Ramos. Se caen los patrones de la escuela, de la familia, del núcleo materno… Ese niño ya adulto tiene que organizarse por sí mismo y lidiar con más variables en una vida complicada y eso sobrepasa a estos pacientes.

Un dato revelador lo dan las estadísticas de prevalencia por géneros. En los más pequeños, la brecha se abre del dos por ciento de las niñas al ocho en los niños, pero en adultos la proporción es del uno a dos. La explicación se encuentra en los propios parámetros naturales de comportamiento entre unos y otros, de forma que los niños tienden también a manifestar más síntomas, mientras que las niñas los “silencian”. “Hasta ahora habían sido identificadas como chicas con bajo desarrollo intelectual”, dice Rubió, cuando en realidad padecían un trastorno no diagnosticado.

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Precisamente, muchas madres con TDAH se enteran de que lo padecen cuando acuden a consulta por el problema de su hijo y se ven reflejadasen su sintomatología. El trastorno tiene un fuerte componente genético. Tanto, que hasta en el 70 por ciento de los casos, un niño con déficit de atención o hiperactividad tiene unos padres que también lo padecen, en la mayoría de los casos sin saberlo.

Las ahora madres “son niñas que no han sido diagnosticadas porque no han molestado, no han generado una atención por parte de nadie” pero que ahora se ven desbordadas con los síntomas de su hijo, precisamente porque su propio trastorno les impide gestionarlos y responder a ello con eficacia. La situación acaba sobrepasándolas y en algunos casos pueden acabar padeciendo una depresión.

“En los años 40 o 50 la realidad española era muy diferente”, dice Ramos, “las posibilidades de tener un acceso correcto a la salud mental infanto juvenil eran mínimas. Han creido con esa sensación de que no tenían capacidades, cuando en el fondo hay un problema que es reversible”. Cogerlo a tiempo es fundamental.

“TDAH sin metástasis”

“Un oncólogo quiere un cáncer delimitado y sin metástasis. Nosotros nos encontramos casi siempre TDAH con metástasis”, dice este especialista. Buena prueba de la importancia de un diagnóstico temprano.

Los expertos recuerdan que el trastorno debe abordarse desde una perspectiva multidisciplinar y afirman que el paciente reaccionan ya de forma muy positiva cuando se identifican sus síntomas y se les pone una etiqueta. Eso le alivia, porque pone orden a una situación que creía desbordada por su propia incapacidad. A partir de ahí se aplica toda una terapia psicológica y conductual, que, siempre dependiente del grado, suele dar buenos resultados. También la medicación.

“La gente que banaliza el TDAH y lo interpreta sólo como un problema relacionado con las malas notas es porque no ha visto a pacientes. La gran apuesta que tenemos que hacer es predecirlo a tiempo, porque estas personas tienen más riesgo de consumo de sustancias o fracaso escolar. Así podremos hacer tratamientos preventivos”, dice el doctor José Antonio Ramos.

Cerca del 50 por ciento de los adultos con el trastorno desarrollan una adicción a la droga. Unas cifras que destapan un auténtico problema de salud pública y ante el que las autoridades sanitarias aún no han reaccionado. “Sabemos que la obesidad afecta a un porcentaje muy amplio de niños, y hacemos prevención. Pero aquí no. Mejoremos las pautas educativas”, aconseja.

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Todos coinciden en que hace falta más especialización. Universitaria y profesional. “Muchas personas no son diagnosticadas, porque en sus comunidades autónomas no hay especialistas”, afirma la doctora Miranda. Falta formación en las universidades, y los médicos, psicólogos y psiquiatras, deben asumirla por su cuenta. Y también se echa en falta más concienciación social y más sensibilidad hacia este problema. “Es verdad que todavía hay muchas personas que creen que el trastorno no existe, que es un problema de falta de educación de los padres. Es un trastorno reconocido”, recuerda Rubió.

¿Excesivamente medicamentados?

Las autoridades sanitarias de EEUU alertaban en un informe publicado el año pasado del incremento de los diagnósticos de TDAH en niños y también del exceso de fármacos utilizados en su tratamiento. Según el estudio, uno de cada diez adolescentes de secundaria estaría recibiendo medicación en este momento. Algunos expertos veían en estas cifras el intento de mejorar por la vía rápida las calificaciones de los estudiantes y la presión de los padres para variar el comportamiento de su hijo, sin tener en cuenta las consecuencias: insomnio, problemas nerviosos, etc.

El doctor José Antonio Ramos niega tajante que exista una sobremedicación: “Sabemos que el trastorno afecta al 6 por ciento de los niños y ni de largo está medicado el 2 por ciento. Y en adultos es todavía mucho más bajo, sólo el 0’007 por ciento de los adultos reciben medicación, muy por deajo del 3 o el 4 que lo padece”.

Afirma que el debate es un ámbito del desconocimiento, porque las terapias inciden siempre en una dimensión multidisciplinar. “Es como si el niño tiene cuarenta de fiebre. Hay que dar medicación”, dice la doctora Isabel Rubió.

fuente: http://www.finanzas.com/xl-semanal/magazine/20150301/alumnos-tdah-como-encajarlos-8172.html

Alumnos con TDAH. ¿Cómo encajarlos en el sistema?

Daniel Méndez – XL Semanal

Son carne de cañón para el fracaso escolar. Y no son pocos: según las estadísticas, en cada clase con 30 alumnos, dos padecen TDAH. La nueva ley de educación recoge y reconoce por primera vez sus necesidades educativas especiales. Todo un reto para nuestro maltrecho sistema educativo. Y una gran oportunidad. Hablamos con chavales diagnosticados, padres, profesores y especialistas para buscar soluciones.

Mi cabeza es como si tuviera mil pies”.Con esta frase describió cómo se sentía, hace ya mucho tiempo, un pequeño de apenas siete años a su psicopedagoga. Tras el correspondiente análisis, el diagnóstico de la doctora Isabel Orjales Villar fue claro: tenía un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Aquel pequeño se llamaba y se llama José Antonio Madrid y tiene en la actualidad 23 años. ”Efectivamente, parecía que mi cabeza tuviera mil pies. ¡Era un terremoto!”, afirma hoy. «Ahora está en su sitio. Eso sí, mi esfuerzo me ha costado… y me sigue costando. Cuando tienes TDAH, nunca puedes bajar la guardia». José Antonio está orgulloso. Estudia tercer curso de Magisterio Infantil y quiere especializarse en Educación Especial. Las estadísticas contribuyen a explicar su satisfacción: este trastorno neurológico es el responsable de un 20 o un 25 por ciento de los casos de fracaso escolar en España.

Entre aquella lejana visita a la psicopedagoga y la actualidad, José Antonio ha atravesado toda una vida escolar en la que ha vivido situaciones de todo tipo. Desde profesores que no sabían de qué les estaban hablando cuando mencionaban estas siglas hasta otros los menos, dice él que han estado dispuestos a hacer un esfuerzo extra por llevar su aprendizaje a buen término.

Todavía hoy mienta a estos ‘ángeles’ con nombres y apellidos. Y también rememora otros momentos duros. Con compañeros que lo miraban raro o lo criticaban si sentían que el profesor que se implicaba más de lo habitual le estaba dando un trato de favor. ”Hoy, me los encuentro en la universidad y nos saludamos tranquilamente. Eso son cosas de críos”.

Con una tasa de incidencia que ronda el 5 por ciento (algunos estudios lo elevan hasta el 10 o incluso el 20 por ciento), en cada clase de 30 estudiantes nos encontraríamos con uno o dos casos de media. No se trata pues de un problema menor… Aunque sí muy desconocido todavía. Un paso adelante se ha producido con la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), más conocida como ley Wert. Su aplicación progresiva empezó el pasado mes de septiembre, con algunos cursos de primaria. En junio se podrán ver sus primeros resultados.

”Este reconocimiento legal de las necesidades educativas especiales de los menores con TDAH ha sido una de las reivindicaciones de nuestra federación”, explica Fulgencio Madrid, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (Feaadah) y padre de José Antonio Madrid. ”Pero el desarrollo de esta ley sigue correspondiendo a cada comunidad autónoma, y aquí todavía seguimos viendo muchas diferencias entre regiones”.

En algunos casos, como en Murcia o Navarra, sostiene, se están haciendo las cosas bien, pero falta mucho camino por recorrer. Fulgencio echa de menos unos protocolos claros que conecten a los familiares con el sistema de salud y el sistema educativo. Y echa de menos mayor flexibilidad:

”La ley dice que los chavales deben tener unos conocimientos para obtener su título. Pero ¿qué importa que lo manifiesten de un modo u otro? Si a un chaval le cuesta más escribir a mano, ¿por qué no dejarle hacer un examen con ordenador? O si vemos que por escrito no demuestra todos los conocimientos que realmente ha adquirido con mucho más esfuerzo que sus compañeros, ¿por qué no permitirle que haga una prueba oral?”.

Antonio Nieva Martínez es orientador educativo del colegio Sagrado Corazón de Chamartín (Madrid), un centro concertado que se distingue por ofrecer una educación inclusiva para alumnos con necesidades especiales. ”Nosotros tenemos una serie de pautas estipuladas, refrendadas por los especialistas, que aplican los profesores y los tutores a los alumnos”.

Por ejemplo: además de proporcionarles más tiempo en los exámenes, es importante presentarles el texto de las preguntas de una manera visualmente estructurada para ayudarlos en la lectura y la comprensión. ”Además, a última hora del día, el tutor o profesor hace un seguimiento para ver si ha anotado las tareas del día y si lleva todo lo necesario para hacer los ejercicios en casa… En ocasiones, les asignamos un compañero que los ayuda en estas tareas de acompañamiento”.

Sobre la ley Wert, concluye: ”Es muy útil porque sabemos que hay que aplicar a estos alumnos unas medidas de adaptación que son obligatorias. Pero al mismo tiempo pone toda la responsabilidad en el profesor y en el tutor. Hay una imposición por ley para atenderlos, y eso es positivo; pero al mismo tiempo no se dan los medios necesarios. Faltan recursos”.

Falta de atención, dificultad para seguir las instrucciones hasta el final o para organizarse, distracción y facilidad para perder las cosas u olvidar las tareas diarias. Dificultad para permanecer sentado y para estar quieto mueve o retuerce las manos o los pies, corre, habla en exceso y responde antes de que se haya terminado de formular la pregunta, interrumpe…

Con estas palabras define los posibles síntomas del TDAH el Manual estadístico y de diagnóstico de los trastornos mentales (abreviado como DSM-5, porque va por su quinta edición, es algo así como la biblia para los profesionales de la salud mental), que reconoce tres tipos distintos de TDAH: el tipo predominantemente inatento, el tipo predominantemente inactivo impulsivo y el combinado.

“Hay tres características muy singulares resume la doctora Carmen Moreno, que trabaja en la Unidad de Adolescentes del Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, aunque no tienen por qué darse las tres en cada paciente.

Una es la hiperactividad, parece que tienen el motor puesto. Otra es que son muy impulsivos y les cuesta inhibir determinadas respuestas: acaban diciendo lo primero que se les pasa por la cabeza. Y, por último, les cuesta sostener la atención en el tiempo”.

Esta especialista, que asegura que una detección precoz es fundamental ”para no acabar colgándole a un pequeño de 11 años la etiqueta de niño con trastorno de conducta”, pone el acento en las consecuencias que tiene para la autoestima.

”Imagínate a una persona con estas características en clase: aunque no tenga mala intención, acaba siendo disruptivo. Molesta a sus compañeros y puede terminar granjeándose su enemistad. A menudo presenta muchas dificultades en el ámbito social, en clase, pero también en el patio, en actividades menos académicas”.

¿Solución? ”Los colegios necesitan darse cuenta de que es una situación relativamente frecuente y de que puede haber muchas mejorías si se hacen pequeñas adaptaciones”.

Steve Jobs, Tom Cruise, Michael Phelps o Richard Branson fundador de la aerolínea Virgin son algunos de los rostros conocidos afectados por este trastorno.

O el psiquiatra Luis Rojas Marcos, quien, aunque sin diagnóstico, también atravesó su periodo escolar en Sevilla con TDAH. Ha recordado en alguna ocasión cómo empezó a suspender a los 9 o 10 años. Hasta que a los 14 suspendió todo.

”Te preguntas: ‘Qué me pasa, por qué soy así’. Pero el tema de la impulsividad y la falta de atención no se conocía: se te veía como a un niño que no quería funcionar”.

Hoy sabemos que no es eso.

Su trastorno tiene un nombre, unas causas neurológicas y unas pautas de comportamiento en casa y en el aula.

Uno de los mayores especialistas en el tema, el neurólogo norteamericano Russell Barkley, es tajante: ”No se puede negar la intervención porque sea cara. Más caro es no hacer nada. El fracaso escolar resulta enormemente costoso para la sociedad. Se recaudarán menos impuestos relacionados con estos futuros trabajadores, que tendrán peores trabajos, peores sueldos y serán más gravosos para la sanidad”.

José Ramón Gamo. Logopeda y máster especialista en neuropsicología infantil. Director pedagógico de CADE, un centro especializado en TDAH, donde también se imparten talleres para profesores, familiares y afectados.

“El TDAH es la única patología en la que los pacientes son criticados y penalizados por sus síntomas”

  1. Usted tiene TDAH.

J.R.G. Tengo TDAH y dislexia. Antes, estas cosas no se atendían.

  1. Hemos avanzado…

J.R.G. Sí, pero estos niños y sus familias siguen dependiendo más de la voluntad de cada maestro que de la propia escuela o la Administración.

  1. Los profesores ya saben más…

J.R.G. Hace 18 años, predicábamos en el desierto. Hoy, el profesorado busca qué cosas puede implementar en el aula para ayudar a estos chavales. Pero sigue sin haber unas medidas establecidas.

  1. ¿Cuáles podrían ser esas recetas?

J.R.G. Antes, permíteme decir que nuestro sistema educativo actual es una aberración desde el punto de vista neurológico. Se aplica un método que nace en la Revolución Francesa, donde los maestros vuelcan datos, y los niños están con una posición pasiva. Es lo que llamamos una ‘educación bulímica’.

  1. ¿Bulímica?

J.R.G. Hacemos que los niños traguen datos que luego vomitan en los exámenes. En una clase de primaria, el profesor pasa el 50 por ciento del tiempo volcando datos; en secundaria, el 60; y en bachillerato, el 90. ¡Es este método el que provoca el trastorno!

  1. ¿La escuela provoca el trastorno?

J.R.G. Sin duda. La mayoría de los niños con TDAH no tienen trastornos de aprendizaje con métodos diferentes, como el cooperativo, o cuando usa mucho la tecnología y contenidos audiovisuales.

  1. ¿Y qué pueden hacer los profesores?

J.R.G. Exámenes secuenciados. Leer con estos chavales las preguntas del examen, cotejar si se han enterado bien. Muchas veces no terminan de leer el enunciado y ya se ponen a responder. Se le da al niño un folio por pregunta con un control de tiempo. Cuando termina ese tiempo, se le retira y el maestro le pregunta si quiere repasar.

  1. ¿Por qué funciona?

J.R.G. Porque tienen un problema de autosupervisión. Cosas que tú harías mentalmente, como repasar en tu cabeza tu acción, ellos no lo hacen: necesitan acompañamiento. Con este examen secuenciado se obtiene una nota entre 1,3 y 2,2 puntos por encima de su nota en un examen ordinario.

  1. Evitaríamos mucho fracaso escolar.

J.R.G. Este es el grupo de población que más tiempo invierte en estudiar y que menos recompensa obtiene. Muchas veces están abocados al fracaso solamente por el hecho de usar un método de evaluación que se limita a darles una hora para contestar 10 preguntas.

  1. ¿Más recetas?

J.R.G. No limitar el tiempo en los exámenes. La dificultad que tienen en la planificación de la tarea los lleva a que dejen la mitad sin contestar, aunque sepan la respuesta. Otra medida: cotejar lo que saben oralmente. Hacemos el examen escrito por comodidad, pero hay otras opciones.

  1. ¿Cómo es el cerebro de un TDAH?

J.R.G. Cada uno de nosotros tiene tres cerebros. Uno es el de la supervivencia, el emocional, el que responde sin pensar. El que te hace pegar un volantazo si vas a tener un accidente.

  1. ¿Y los otros?

J.R.G. Luego tenemos el cognitivo. Es un cerebro pensante, más racional. Y, además, el ejecutivo, que es lo que te permite dialogar contigo mismo antes de actuar. Las funciones de este último cerebro son las que están afectadas en un niño con TDAH.

  1. ¿Por ejemplo?

J.R.G. Imagínate que mi sistema emocional me indica que me pica la pierna. Mi sistema cognitivo elabora una respuesta y dice «ráscate». Pero imagínate que tienes una urticaria: tú no puedes controlar si te pica o no, pero sí si te rascas, el sistema de regulación es una función ejecutiva.

  1. Que se ve afectada por el TDAH.

J.R.G. Sí, estas funciones ejecutivas son las que forman la capacidad de perseverancia y voluntad; de planificación o de autoevaluarme. Y el sistema de concentración.

  1. Y se meten en líos.

J.R.G. El TDAH es la única patología donde el paciente es penalizado, criticado y castigado por la expresión de sus síntomas. ¡Es una barbaridad!

-¿Cómo lo hacen en Finlandia?

Llevan años practicando la educación inclusiva y ocupa siempre los primeros puestos en ‘PISA’.

EJuho Honkasilta es especialista en TDAH

“En nuestro país, los niños pueden recurrir a tres niveles de apoyo en todo momento”

  1. ¿Cómo responde Finlandia a las necesidades de los menores con TDAH?

J.H. Tenemos un sistema de atención en tres niveles. Cada estudiante puede optar a esos distintos niveles de apoyo en todo momento. Así garantizamos un apoyo individual en la escuela.

  1. ¿Cuáles son esos tres niveles?

J.H. El primero es un apoyo general. Es parte natural del proceso educativo diario y es el profesor quien se ocupa de él.

  1. ¿Y los otros dos?

J.H. Lo llamamos ‘apoyo intensificado’ (nivel 2) y ‘apoyo especial’ (nivel 3). Los ponen en marcha equipos multidisciplinares y es a largo plazo. El nivel 2 recae en el profesor en el aula junto con un educador especial que da clases individuales o en pequeños grupos. Cuando se activa el nivel 3, se realiza un plan individualizado, que puede incluir una educación especial en casa. El objetivo es mantener al mayor número posible de niños en los niveles 1 y 2, sin llegar al 3, que puede aislarlos.

  1. Temen que se los estigmatice.

J.H. En ocasiones, los padres han llamado la atención sobre ello, pero el nivel 3 es poco habitual. Ahora, el TDAH puede acarrear estigmatización. Para evitarlo, hay que escuchar a los niños y tener en consideración sus opiniones en la práctica pedagógica.

  1. ¿Por ejemplo?

J.H. Quizá el profesor está poniendo todo su empeño en proveer una educación especial, pero el estudiante se siente excluido. Al mismo tiempo, la propia etiqueta de chaval con TDAH ya causa estigma. A menudo no quieren que sus compañeros lo sepan, para no ser los diferentes. El sistema finlandés está luchando contra estos fenómenos negativos.

  1. Las clases duran 45 minutos…

J.H. Eso y los frecuentes descansos suponen una ventaja no solo para los niños con TDAH, sino para todos.

  1. En Finlandia no hay que esperar el diagnóstico clínico para que la escuela actúe.

J.H. Los procesos de diagnóstico pueden ser muy largos, y lo importante es que el estudiante reciba un apoyo cuando surge la necesidad. El sistema finlandés es preventivo. Y algo que lo hace muy especial es el uso tan extendido del nivel 2. La apuesta por la inclusión, por que estudien en clases normales con sus compañeros, es muy importante.

  1. ¿Qué ventajas ven en el sistema educativo finlandés?

J.H. El nivel de sus profesores: todos deben poseer un título de máster. Y es una profesión respetada. También tenemos un sistema flexible que se adapta a los distintos ritmos de aprendizaje de sus estudiantes. Y un apoyo multidisciplinar en las escuelas: de salud, psicológico, profesores de educación especial…

  1. ¿Y sus desventajas?

J.H. No todos los municipios ni todos los centros tienen los mismos recursos.

Diario de una madre

Tiene dos hijos con TDAH. No quiere dar su nombre, pero durante años llevó un pequeño diario donde apuntaba su batalla diaria por sacar adelante los estudios de sus hijos. Publicamos un extracto.

-2005-2006

La primera visita al neurólogo: Sara, con 5 años, todavía no sabe leer: ha terminado educación infantil y su profesora nos dice que algo no marcha. Visitamos un neurólogo, y llevamos también a Álvaro, de 7 años, siempre despistado. Diagnóstico: normalidad, pero recomienda estudio psicológico. Así comenzó nuestro peregrinaje de especialista en especialista, hasta lograr un diagnóstico de TDAH, que no llegó hasta el año 2011.

-2006-2007

La maestra inflexible: Sara empieza primaria. No lleva ni un mes y su profesora ya ha decidido que va a repetir, que debía haber repetido ya, pero como no ha sido así se encargará ella misma. La maestra nos muestra, embobada, los trabajos de niños con sobresaliente, no se da cuenta de que a ella la nota se la va a dar el éxito que obtenga con un niño con TDAH. Álvaro, de 8 años, hace cuentas a diario. Son larguísimas y le salen mal. Por un día que le salen todas bien, su profesora sentencia: «Muy sucio».

-2007-2008

«¡Mal, no Atiendes!»: Sara siempre cuida la presentación. Tiene un buen sentido de la proporción y el color. Su letra es fina, madura y agradable. Hace los deberes con mimo, usa colores, pero comete un error tras otro. La profesora tacha con rotulador grueso cada página. «¡Mal, no atiendes!». Sara no dice nada. Se me parte el corazón. Álvaro es brillante exponiendo oralmente, pero eso no le sirve de nada porque no le computa en la nota. En los exámenes escritos falla estrepitosamente.

-2008-2009

Diagnóstico: son vagos: Sara no usa los dedos para las cuentas. Es buenísima en cálculo, pero los problemas… Lee por encima el texto y al instante decide que suma esto y resta lo otro y multiplica lo de más allá. Álvaro y Sara no siguen el ritmo de la clase, se dejan los libros en el cole y los cuadernos con las tareas hechas en casa. Nunca saben qué deberes tienen. Ni cuándo hay un examen. Ortografía, horrible. Pero son buenos y trabajadores. Valoración de los profesores: vagos.

-2009-2010

Notas catastróficas: Suspensos y suspensos. Pero no me cuadra. Mis hijos no son tontos. Y no hacen otra cosa más que estudiar. Se despistan, hay que estar pendientes. Monitorizarlos. Su abuelo, que fue profe, ayuda a Álvaro con el álgebra, pero suspende igual. «¡Si sabes muchas mates!», le dice el abuelo, que no entiende qué pasa. A veces creo que Álvaro no es capaz de materializar sus conocimientos, como si la espesa motricidad de su escritura lo llevara a alguna especie de «espesor intelectual».

-2011-2012

Tanto esfuerzo…: Sara es una niña alegre, pero ha perdido la esperanza. No quiere ir al psicólogo. Está harta. Va a los exámenes con ilusión y, cuando trae su montaña de suspensos, te dice: «¿Ves, mamá?». Pero a continuación se pone a trabajar. Es fuerte. Álvaro también parece optimista. Pero es una máscara. Es ya adolescente y su padre y yo lo seguimos de cerca. Sabemos que debe ser capaz de hacer solo el recorrido, pero le falta motivación; nunca ha visto que el esfuerzo reporte triunfos.

-2013-2014

Cambio de tercio…: Los cambiamos de centro. Aquí, las cosas son distintas. Pueden hacer exámenes orales, más tiempo para las respuestas y, sobre todo, valoran el trabajo diario, los progresos, y no solo el examen. A pesar de todas las dificultades y de la baja autoestima de mis hijos, empiezan a mejorar. Pero siempre a costa de un sobreesfuerzo constante y agotador para los niños y para nosotros, sus padres.

-2014-2015

Guardar el talento: Álvaro tiene 18 y Sara, 16. Están saliendo adelante. Aprueban. Y lo que es mejor, salen con amigos… Antes no tenían. Su padre y yo seguimos estudiando con ellos. Hay quien nos lo critica. «Si no pasa nada, cada uno es como es, ¡tu hijo será artista!», dicen. Vale, pero entonces que nadie ridiculice sus despistes o tache sus trabajos, que ensalcen su imaginación y que puedan demostrar lo que saben, más allá de un examen. Y así lleguen a ser artistas… O lo que se propongan.

TDAH a lo largo de la vida

Publicado: 20 marzo, 2015 en Sin categoría

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un trastorno que, en mayor o menor grado, persiste a lo largo de toda la vida. En el caso del TDAH no tratado se considera que sólo en un 10 – 20 % de los casos existe lo que se denomina una remisión funcional, es decir, ausencia de manifestaciones del trastorno con repercusión en la vida del individuo (Biederman, 2005). Según distintos estudios, un 75 % de niños con TDAH serán adolescentes con TDAH y, de estos adolescentes, un 50 % serán adultos con TDAH (Wilens, 2004). La prevalencia del TDAH en la población adulta se calcula entre el 3-4 %.

La repercusión en la vida adulta puede deberse a síntomas residuales del TDAH, a la repercusión o problemas secundarios al TDAH de la infancia o ambas cosas a la vez. Los problemas secundarios serán los derivados de la escasa formación académica, problemas sociales, conductas de riesgo, etc.

Aproximadamente un 20 % de niños TDAH serán adultos con sintomatología grave. El tratamiento durante la infancia va a incidir en la prevención de los problemas secundarios, especialmente los derivados del fracaso escolar, baja autoestima y marginalidad social.


El pronóstico a largo plazo del TDAH

El mejor resumen de la perspectiva evolutiva del TDAH es que no existe un único pronóstico. Pudiendo resumir los resultados identificando tres grupos en la edad adulta:

1) Aquellos cuyo funcionamiento es tan bueno como el de aquellos sin historia infantil de TDAH.
2) Aquellos con psicopatología importante.
3) El grupo más grande, aquellos que tienen algunas dificultades con la concentración, el control de impulsos y el funcionamiento social.

Los porcentajes informados varían ampliamente entre los diferentes estudios. Hetchman (1996) analizó muchos de los asuntos metodológicos relevantes, y uno clave es la forma en que han sido identificados los adultos (por sus propios hijos, mediante estudios de seguimiento basados en su propio comportamiento en la infancia, por autoderivación, mediante ensayos clínicos, etc.).

El riesgo de desadaptación posterior también afecta a los niños que no han sido derivados a la clínica y a los no tratados en absoluto. Los estudios han mostrado que los comportamientos hiperactivos impulsivos son un riesgo para varios tipos de disfunciones del adolescente. Se ha informado que la falta de amigos, de trabajo y de actividades de ocio constructivas es prominente y afecta la calidad de vida. Niveles variados de hiperactividad e impulsividad también hacen que los niños desarrollen con mayor probabilidad una evolución antisocial y también aumenta la probabilidad de presentar trastornos de la personalidad, o abuso de sustancias en la adolescencia tardía y en la edad adulta (NICE, 2009).

Diversos estudios también hallaron que el TDAH infantil puede predecir trastornos psiquiátricos específicos en adultos, trastorno antisocial de la personalidad y abuso de drogas. Además los niños hiperactivos tenían resultados educativos significativamente inferiores y más trastornos de conducta que sus pares de la misma edad
Los estudios de comorbilidad psiquiátrica en adultos con TDAH hallaron depresión mayor, trastorno bipolar, trastornos de ansiedad y de personalidad. También informaron de tasas altas de trastorno antisocial y por abuso de sustancias, así como puntuaciones más bajas en el cociente intelectual (CI) total, vocabulario y lectura.

Aunque los síntomas del TDAH persisten en la mayoría de los casos, es importante recordar que muchos jóvenes con TDAH tendrán una buena adaptación en la edad adulta y estarán libres de problemas mentales. Probablemente, el pronóstico será mejor cuando predomina la inatención más que la hiperactividad-impulsividad, no se desarrolla conducta antisocial, y las relaciones con los familiares y con otros niños son adecuadas.

Es necesario realizar más estudios sobre la evolución del TDAH en niños y adolescentes hacia la edad adulta, que deberían incluir el pronóstico a largo plazo junto a los posibles beneficios (y riesgos) del diagnóstico y tratamiento precoz (NICE, 2009).

Publicado: 17 marzo, 2015 en Sin categoría

ADULTO CON DÉFICIT DE ATENCIÓN HIPERACTIVIDAD (TDAH) Y EL USO DE DIAGRAMAS

 http://vivircontdah.blogspot.com.es/2015/03/adulto-con-deficit-de-atencion.html?spref=fb

SUCRÍBETE

Los Diagramas o Mapas Mentales son una interesante herramienta para ayudar a los Adultos TDAH porque les permiten saltar a diferentes temas de manera rápida y fácil, organizar la información, centrarse en lo que es importante, y explicar sus ideas a otras personas.

Desde la más remota antigüedad, se han venido utilizando un variado conjunto de métodos diagramáticos cuyo fin era el

de modificar las experiencias subjetivas en el hombre.

http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20150204/abci-trastorno-deficit-atencion-201502032106.html

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad persiste en las personas adultas en el 50% de los casos

De niño Gonzalo pensaba: «Quiero escuchar pero no puedo. No sabía ni como decirlo». A los trece años ya había desarrollado los primeros problemas de comportamiento. «Para mi era imposible estudiar o concentrarme, ni en casa, ni en el colegio. Empezaba cosas y nunca las terminaba. Pero yo sabía que no era tonto». Hasta que a los 15 años, él mismo se empezó a marginar, porque se sentía diferente del resto. «Probé las drogas, y me sentía mejor. Eran como un medicamento para mí». Seguía siendo compulsivo, obsesivo. «Empecé a no ir a clase, a ir con gente que yo consideraba que me hacía bien, a robar… y mi TDAH se me empezó “a hacer bola”». Hasta que a los 18 años ingresó en la Clínica López Ibor. Tras unas semanas allí, por fin llegó el diagnóstico: «Tenía TDAH. Con el dictamen en la mano por fin supe que no estaba loco». Aunque de los 16 a los 18 años su vida fue un infierno, Gonzalo concluye que «siempre hay esperanza». Con la tranquilidad de saber que no padecía una enfermedad mental, pero con la autoestima por los suelos, el primer paso para Gonzalo fue aceptar lo que le ocurría. «Me gustaría decir que el proceso fue corto pero no lo fue. Llevo seis años de tratamiento, tras los cuales he cambiado muchísimo gracias a un gran esfuerzo. Ya solo voy a terapia una vez a la semana y estoy en la Universidad realizando estudios de Psicología para ayudar a personas en mi misma situación».

La impulsividad, la inantención y la hiperactividad… Los síntomas que padecen los niños TDAH como Sergio pueden darse también en la edad adulta. De hecho, y según datos de la 12ª Jornada sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad: «El TDAH a lo largo de la vida», el trastorno hasta ahora característicamente diagnosticado en la infancia —y con una prevalencia global en España del 6,8% para niños y adolescentes, según el informe Pandah— permanece en las personas mayores en más del 50% de los casos, pudiendo derivar en serios problemas en el ámbito de sus relaciones sociales, laborales y de familia.

La situación se agrava porque muchos adultos ni siquiera tienen la patología identificada y han cronificado sus problemas de conducta, apuntan, llegando a tener serias complicaciones de perseverancia, organización y errores en la ejecución de tareas. «O están infradiagnosticados e incorrectamente tratados. No se evalúa porque en muchos casos la hiperactividad se reduce y el médico no piensa que los síntomas se deban a este trastorno», indica Josep Antoni Ramos-Quiroga, coordinador del programa de TDAH del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. Lo que suele ocurrir, añade el doctor Javier Schlatter, psiquiatra de la Clínica Universitaria de Navarra, «es que el diagnóstico en personas mayores se hace de forma casual, o bien porque uno de los padres se ve reflejado en lo que le pasa a su hijo y suele iniciar el mismo recorrido con el mismo facultativo que está atendiendo al niño».

Pero, cuando se trata de un adulto, ¿cómo se realiza el diagnóstico? Según apunta el doctor Javier Quintero Álamo, jefe de Psiquiatría del Hospital Infanta Leonor (Madrid), hay una serie de evidencias que pueden ayudar a la persona y a los profesionales sanitarios a identificar el trastorno. «No esperamos ver a un adulto saltando por un centro comercial, pero observamos que no pueden estar mucho tiempo sentados y reajustan constantemente su postura, con impulsos más verbales que motores», explica Quintero. «Son personas que tienden a evitar situaciones que requieren un esfuerzo mental sostenido», añade.

Pero la falta de conocimiento y diagnóstico del trastorno, prosigue este experto, hace que muchos de los afectados no sean conscientes de su verdadero problema. «La mayoría han asumido que son así y están resignados a sentirse despistados, impulsivos, desordenados, con dificultades para relajarse y con un sentimiento de fracaso por no alcanzar sus objetivos». «La clave está en que sepan quese puede mejorar, incluso que se puede llegar a estar bien», concluye el doctor Quintero.

Factor evolutivo positivo

Así pues, no todo son sombras y hay quien, como este psiquiatra del Hospital Infanta Leonor, ofrece una visión positiva al respecto: «Es verdad que tener Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividadno es fácil y complica tanto la vida del niño como la de aquellos que le rodean, pero también puede ser visto como una oportunidad». Pueden convertirse en lo que Miguel Casas Brugué, jefe de psiquiatría del Hospital Universitario Vall D`Hebrón (Barcelona) llama «TDAH constructivos». «Bien dirigidas, este tipo de personas pueden ser muy creativas en la resolución de problemas. De hecho, si están motivados con su actividad son capaces de asumir grandes cargas de trabajo», corrobora José Ramón Gamo, director técnico de la Fundación Educativa Activa y director del Centro de Atención a la Diversidad Educativa. Brugué incluso advierte de que un TDAH «compensado» puede considerarse «un factor evolutivo positivo» y hasta «una gran ventaja». Por este motivo, concluye el psiquiatra del Hospital Universitario Vall D`Hebrón , «cuanto antes lo tratemos y hagamos el abordaje completo para que no presente trastornos en el comportamiento, mejores resultados conseguiremos». «Entre un TDAH constructivo y uno destructivo en realidad solo hay un paso: el diagnóstico precoz y untratamiento multidisciplinar que implique a profesionales de la medicina, la psicología, la educación y lafamilia»

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¿Qué edad tienes? ¿Y tienes TDAH?

Kelly Babcock

Escrito por Kelly Babcock
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

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Tengo un problema. Bueno, tengo un montón de problemas, pero hay uno que me gustaría contaros.

Es mi edad o, mejor dicho, mis edades. Tengo TDAH, así que tengo una edad cronológica, una edad física, una edad emocional, y una edad basada en la cantidad de tiempo que parece que he vivido.

Esas edades son, por ese orden, 56, 86, 13 y 21 años.

Podemos olvidarnos de los 56; es sólo el tiempo que ha pasado desde que nací. No aparento esa edad y me siento mucho mayor (¿alguien ha visto mi linimento?).

Lo de sentirme mayor constituye la segunda edad, la física. Las personas con TDAH acudimos más a menudo a Urgencias, sufrimos más contusiones y esguinces, y tenemos más probabilidades de morir intoxicados por accidente (creo que esto último es porque también somos más propensos a decir: “Igual esto se puede comer todavía “, mientras rebuscamos en la nevera).

No es de extrañar que me sienta viejo. Al igual que muchas personas hiperactivas –la gran “H” del TDAH– trabajo duro, juego duro y trato de mantenerme todavía al día.

Por otro lado, mis articulaciones no se doblan con la misma facilidad al levantarme por las mañanas; como dijo mi colega canadiense Leonard Cohen: “Me duelen los lugares con que solía jugar”.

Pero como lo viejo que yo me sienta no tiene que ver con mi edad, podemos olvidarnos también de este número.

Así que quedan mi edad emocional y la que representa el tiempo que parece que llevo aquí. Y ambas podrían expresarse adecuadamente con el término “menor de treinta años.”

Qué suerte, ¿no?

Sí, supongo… pero también no. Sabes, a mi edad y con TDAH, represento a un gran número, cada vez mayor, de personas. Personas mayores de 50 años que, más o menos en los últimos ocho años, han sido diagnosticadas de TDAH.

¿Y por qué no somos tan afortunados? Bueno, poniéndome a mí mismo como ejemplo, he descubierto hace poco que tengo TDAH, a mis cincuenta y tantos años. He sufrido dos shocks: primero, por tener TDAH, y además, por tener cincuenta y tantos años.

Por el amor de Dios, si aún no he decidido lo que quiero ser de mayor…

¡Y eso es terrible!

Hay todo tipo de programas proactivos para proporcionar a los jóvenes una enseñanza adecuada, un empleo adecuado o una vivienda adecuada, y eso está bien. A mí me podrían ser útiles algunos de estos programas, pero no cumplo los requisitos.

En realidad, cumplo todos los requisitos, excepto lo de la edad. No mi edad real, sino la que marca el maldito calendario; el problema es la edad cronológica.

Escucha…

No puedo hablar en tu nombre, puede que tengas cincuenta y tantos años, puede que te hayan diagnosticado TDAH hace poco y puede que tengas muchos problemas que se supone que deberías haber resuelto a estas alturas.

Pero también puede que estés preguntándote cómo ha pasado la vida tan rápido sin que te dieras cuenta. Si es así, nos pasa lo mismo. Bienvenido al club. Somos los adolescentes más viejos del mundo. Somos veinteañeros a los que trata de usted el chaval con acné que nos atiende en el Burger, mientras pensamos: “Si yo trabajara aquí, ¿podría comer todas las patatas fritas que quisiera?”.

¿Y las soluciones?

No estoy buscando ventajas ni ayudas, ni siquiera programas sociales. Pero no puedo entender por qué no hay ninguno para nosotros.

Porque déjame decirte que, cuando llegamos a una edad en la que necesitamos que la sociedad cuide de nosotros, y ves que, si nos hubieran ayudado a organizar nuestras vidas, quizá no supondríamos una carga semejante… Desearás que hubiéramos recibido esa ayuda.

Sobre todo cuando te das cuenta de que sólo necesitábamos ayuda para organizarnos; que alguien nos mostrara adónde ir y qué hacer.

Pero ¿qué hay de…?

Sí, ya sé que hubo personas con TDAH antes de nosotros que no sabían eso. Y sé que las cosas han funcionado, mejor o peor, hasta ahora. Entonces, ¿por qué digo que vamos a lamentar que nada cambie? Porque, mientras que las cosas sigan más o menos igual, estaremos perdiendo la oportunidad de que pudieran ir mejor. Porque ahora sí sabemos. Y no hacemos nada.

Somos, de verdad, los adolescentes más viejos del mundo y necesitamos algo de ayuda para llegar a entender ese mundo antes de jubilarnos… el año que viene, más o menos.

Fuente: http://tdahvitoriagasteiz.com/2015/03/03/que-edad-tienes-y-tienes-tdah/