Xabi Alconero, natural del País Vasco y residente en Madrid desde 2012, es un autor polifacético que ejerce en diferentes áreas.
En el ámbito audiovisual trabajó en Durango TV y Bilbovisión como creador de contenido y reportero. Más tarde, dirigió su propio programa “Gazte Team” durante dos años. Trabaja como videógrafo freelance y editor de vídeo con equipo propio (Cannon XF300). Es guionista y director galardonado de cortometrajes como El redil de los cobardes o La necesidad de la reinvención, en su canal de YouTube: Alconero
Sacó una maqueta de rap, con la que llegó a realizar doce bolos en 2010. Fue cronista del 15M para diferentes medios, actividad con la que cosechó 22k seguidores.

Xabi Alconero: La vida es crear y compartir

Es el creador y organizador a nivel nacional de la Disaster Party, una de las fiestas universitarias más conocidas y colosales del país, que lleva 5 años celebrándose en 15 ciudades de España y Latinoamérica. El concepto destaca por la temática cambiante, la bestialidad de la animación y por la interactividad con el público. Además de la de director desarrolla en este proyecto las tareas de diseño, publicidad, gestión de equipos, community manager, administración y speaker, como puede verse en este aftermovie de una de las ediciones del evento en Madrid. También ideó y dirigió el Disaster Fest en WonderWall Gandía y creó y regentó un club social privado/bar con sede en Moncloa (Madrid) llamado Disaster Club, siendo el el dueño de las 3 marcas registradas.
Estudió artes en Durango y Mondragón pero fue en Getafe donde estableció su taller y se enamoró de la técnica del grabado. Sus obras han estado visibles en diferentes salas de exposición de Madrid y publica día a día los avances en Instagram como Xabi Alconero Art. y en Facebook como XabiAlconero.
Como proyectos personales es inventor de juegos de mesa y escritor de novelas y libros de poesía que piensa publicar próximamente. Dentro de InstaShoot coordina el departamento de organización de eventos y trabaja como creativo. Ésta es su historia:

https://www.facebook.com/plugins/video.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fxabier.alconero%2Fvideos%2F10154821032777061%2F&show_text=0&width=560

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TDAH en adultos Home » TDAH en adultos
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El TDAH se ha considerado durante mucho tiempo un trastorno propio de la infancia y de la adolescencia, pero los síntomas y el impacto funcional del TDAH no siempre desaparecen al pasar a la edad adulta y el trastorno puede persistir en más del 50% de los casos1. Se asocia con un impacto importante a nivel clínico, funcional y de calidad de vida2.

Un estudio epidemiológico realizado a nivel internacional en la población general, señala que la prevalencia del TDAH en adultos es del 3,4%3. Sin embargo, la realidad es que la mayoría de estos adultos con TDAH no están diagnosticados4.

¿Cómo se presenta el TDAH en adultos?

El TDAH en adultos es diferente al TDAH en niños1. En parte porque hay una notable reducción de la sintomatología hiperactiva respecto al déficit de atención5. En el paso de la infancia a la edad adulta, disminuyen los síntomas de hiperactividad que se pueden manifestar en inquietud1, mientras que los síntomas de inatención se suelen manifestar en dificultades a la hora de llevar a cabo tareas (cumplir plazos de entrega, centrarse en una tarea concreta…) que pueden afectar su funcionalidad en varios aspectos de la vida.

El diagnóstico en adultos resulta complicado debido a la comorbilidad, es decir, la coexistencia con otras patologías psiquiátricas6, ya que los síntomas del TDAH se pueden solapar con los de los otros trastornos como trastorno por abuso de sustancias, trastornos de ansiedad y del ánimo.

Síntomas del TDAH en adultos
Hiperactividad

La hiperactividad aunque menos presente en esta etapa de la vida, se puede transformar en:

– una actividad constante
– horarios sobrecargados
– elegir trabajos que les requiera una mayor ocupación
– pueden convertirse en adictos al trabajo
Déficit de atención

El déficit de atención, más marcado en esta etapa de la vida, se manifiesta en:

– problemas de atención y concentración
– desorganización e incapacidad para organizar trabajos o tareas
– dificultad para iniciar y finalizar proyectos
– problemas de gestión del tiempo
– facilidad para olvidarse de las cosas

El déficit de atención se manifiesta principalmente en las actividades que requieren un mayor nivel de atención y concentración en el tiempo, y en general, les lleva a ser poco organizados e inconsistentes, por lo que pueden tener más problemas en el entorno laboral.
Impulsividad

En cuanto a la impulsividad en la edad adulta, se caracteriza frecuentemente de la forma siguiente:

– terminar las relaciones prematuramente
– cambiar de trabajo constantemente
– carecer de paciencia para distintas actividades
– perder el control
– conducir de forma temeraria (con un mayor porcentaje de accidentes)
– alto número de multas y probables retiradas de carné
– consumo de tóxicos6

Los síntomas de impulsividad en la edad adulta tienen un fuerte impacto en la vida familiar, laboral y social.

Referencias
Estar al día en TDAH es formar parte del cambio.

Fundación CADAH » Etapas de la vida » TDAH en adultos
¿Qué ocurre cuando un afectado por TDAH alcanza los 18 años?
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Sabemos que cuando se alcanzan los 18 años y comienza la edad adulta hasta un 70% de los afectados continúan teniendo dificultades y un alto porcentaje del cuadro de síntomas continúa, aunque éstos se van a expresar de forma diferente a los de la infancia:

La hiperactividad se reducirá marcadamente, ya no se manifestará como en un nPo parar, se convertirá en algo interno, en un sentimiento subjetivo de inquietud, pero no una hiperactividad incómoda.
El déficit de atención puede expresarse en forma de despistes, le mantendrá la dificultad para terminar tareas, para organizarse, para gestionar el tiempo, el dinero, en definitiva para actividades que requieran la participación de procesos cognitivos.
La impulsividad seguirá manifestándose con impaciencia, con respuestas precipitadas que le dificultará interactuar en grupos y le llevará a aumentar las conductas de riesgo.
El modelo del TDAH en la infancia no va a ser suficiente para comprender al ya adulto que padece un déficit de atención aunque lo haya compensado con gran esfuerzo a través de mecanismos y recursos.

TDAH 18 AÑOS

No todos los sujetos con TDAH van a demostrar un mismo patrón evolutivo a lo largo de su vida. Así podríamos hablar de cuatro desarrollos distintos:

Los síntomas pueden desaparecer con el tiempo (poco frecuente)

Los síntomas persisten pero el sujeto se ha adaptado a ellos y no le generan disfuncionalidad.

Los síntomas le produzca un cuadro comorbido que le genere disfuncionalidad.

Los síntomas evolucionan hacia un cuadro comorbido con trastornos patológicos más graves que hacen que la clínica del TDAH quede en un segundo plano.

Serán diversos los factores que tienen un papel relevante; desde el punto de vista clínico destaca el aumento de la severidad de los síntomas y la precocidad en que produzcan disfunción asociada y factores personales, como su inteligencia, pueden compensar ciertos déficits relacionados con el TDAH.

En el ambiente, tanto la familia como el entorno social tienen un peso importante, donde destaca el estilo atribucional que se le aplica, es decir, si se le trata de culpabilizar de su trastorno o, por el contrario, el enfoque se pone en la actitud de ayuda.

Independizarse de sus padres, establecer su propia identidad, mantener relaciones personales positivas, completar sus estudios o escoger una carrera de la cual pueda vivir y entender su propia sexualidad, son procesos del desarrollo de cualquier adolescente que llega a la etapa adulta que deben alcanzar con éxito, con comprensión y ayuda de la familia.

Es fundamental saber cuáles van a ser sus dificultades y entender el por qué de ellas:

En el aspecto académico tiende a lograr una menor formación a pesar de disponer de recursos cognitivos apropiados, además, suelen incrementarse los problemas de adaptación y disciplina. Las repercusiones del déficit de atención del TDAH si no ha seguido un tratamiento serán probablemente de fracaso en sus estudios aún siendo notablemente inteligente. Este fracaso, que siempre lleva asociado críticas, sermones y reflexiones de los adultos, contribuirá a debilitar aún más su autoestima, lo que le ocasionará más probabilidades de mezclarse con grupos marginales e implicarse en conductas de riesgo.

Solo un 25 % de los afectados por TDAH consiguen completar el bachillerato y acceder a la universidad y solo un 7% de ellos termina con éxito unos estudios universitarios.

Síntomas propios del TDAH como: Hablar en exceso, dificultad para prestar atención cuando se les habla, no escuchar toda la información, dificultad para esperar turnos en la conversación e interrumpir con frecuencia, divagar o salirse del tema de la conversación o confundir lo que piensan con lo que dicen, provocan una dificultad para comunicarse adecuadamente y hacer un correcto seguimiento de sus compromisos, lo que conlleva mayores dificultades también en sus relaciones interpersonales.

Las personas con TDAH presentan alteraciones en la habilidad de conducción, asumiendo más riesgos, conducción más temeraria y sufriendo más accidentes. Los tiempos de reacción afectados por el trastorno le llevará a una conducción más insegura. Tanto el volante como el acelerador lo utilizan de forma impulsiva.

Desde la infancia los afectados por TDAH han solido sufrir rechazo, lo que les puede llevar a no mostrar una imagen real en sus relaciones. Su tendencia a mentir, su falta de reflexividad y no medir las consecuencias de lo que dicen, hace que tengan relaciones de poca calidad, hieran a su pareja y/o dañen su relación. También tienen más probabilidades de mantener relaciones extramaritales, mayor estrés parental y mayor porcentaje de divorcios.

En el aspecto laboral, sus dificultades suelen tener que ver con el control de impulsos y la inatención. Cometen errores o descuidos en el trabajo, especialmente porque son desorganizados, se distraen fácilmente o tienen problemas de concentración para aquellas actividades que encuentran aburridas. Mayor inestabilidad laboral.

Intervención

Uno de los mayores obstáculos, para cualquier chico de 18 años con TDAH, es aceptar o reconocer que tiene dificultades, por lo que le costará tomar en serio y comprometerse en el proceso de intervención o tratamiento.

La necesidad de independencia y control sobre su tratamiento puede provocarle problemas a la hora de querer tomar la medicación, ya que probablemente sienta que ésta puede restarle espontaneidad o considerar que tomarla es aceptar que hay algo malo o defectuoso en él.

Si ya a esa edad un chico sin TDAH tiene grandes conflictos sobre lo que quiere o debe hacer, en el caso del chico con TDAH, este hecho se incrementa debido a sus características o conductas, como su impulsividad, su ausencia de flexibilidad, falta de crítica, dificultad para anticipar consecuencias y elaborar alternativas, etc. De aquí que en muchas ocasiones, requiera de una intervención terapéutica no sólo para ayudarle a avanzar por el “camino” para llegar a lo que quiere ser, sino que incluso en necesario apoyarle para que descubra cual de todos es SU CAMINO.

Además, la comorbilidad del TDAH con otros trastornos psiquiátricos al alcanzar los 18 años va a ser alta: ansiedad, depresión, trastorno bipolar, desórdenes de personalidad, abuso de substancias, etc.

Por todo ello es importante:

Buscar un profesional o coach experto en TDAH que le diseñe un plan individualizado de acuerdo a su propio contexto funcional, planteando conjuntamente objetivos y metas alcanzables. Un profesional que le asesore y sugiera como realizar cambios en la estructura de la casa, en su vida social y en el ambiente de trabajo, como manejar el tiempo, el dinero, que le aporte estrategias de organización, planificación y rutinas tanto para su trabajo como para sus actividades, relaciones familiares, sociales y/o de pareja.

Además, para mantener un buen estado físico y mental, es necesario que lleve una alimentación sana y equilibrada, evite el consumo de bebidas alcohólicas y sustancias tóxicas y practique ejercicio periódicamente.

Bibliografía:

Gracia, E. (1997). El apoyo social en la intervención comunitaria. Barcelona: Paidós.

Gracia, E. y Musitu, G. (2000). Psicología Social de la familia. barcelona: Paidós.

hall, S.G. (1904). Adolescence. New York. Appleton.
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Los estudiantes con TDAH en la Universidad

POR · 7 MAYO, 2015

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UNA MIRADA SINCERA Y DIVERTIDA SOBRE LO QUE SUPONE VIVIR CON DÉFICIT DE ATENCIÓN.

Sabes que eres un adulto con TDAH cuando:

  • Tienes suficiente dinero en la cuenta para pagar las facturas, lo que pasa es que se te olvida hacerlo, quizás el mes que viene te acuerdes.
  • Sales de casa con la suficiente antelación para llegar a tiempo a tu consulta en el médico, pero estás pensando en otras cosas y conduces hacia tu lugar de trabajo. Acabas llegando tarde. Otra vez…
  • La persona que hay frente a ti capta tu atención, pero también lo hacen el aire acondicionado apagándose y encendiéndose, el fluorescente que parpadea sobre ti, ese pájaro que pasa volando por la ventana….
  • Mandas a tu amigo una tarjeta de agradecimiento por su regalo de cumpleaños… dos veces. Y te enteras sólo porque el te lo dice, no porque te hayas dado cuenta tú.
  • Estás dándote una agradable ducha caliente cuando de repente, te olvidas de lo que estás haciendo. Enjabonar, aclarar y.. ¿dónde estaba yo? Para cuando te das cuenta has salido de la ducha y sólo te has depilado una pierna.
  • Te pasas una hora buscando tu reloj favorito. Al final, te rindes y decides ponerte otro; entonces te das cuenta de que ya llevas puesto en la muñeca tu reloj favorito.
  • Tu pareja te pide un vaso de agua, así que vas a la cocina y acabas preparándote un bocadillo. ¡ Ojala no tuviera mucha sed!
  • Marcas el número, pero para cuando alguien coge el teléfono, no recuerdas a quien has llamado.
  • No puedes vivir sin tu agenda. Preferirías que te robaran la cartera antes que  la agenda. ¡Sin ella estás perdido!

Organizar-tu-agenda

  • No consigues encontrar las llaves del coche ni las de repuesto, y tu pareja no se atreve a dejarte las suyas, porque lo más probable es que también las pierdas.
  • Cualquier compra requiere tres intentos. La primera vez olvidas en la casa la lista de la compra. Cuando vuelves a buscarla te dejas la cartera. Normalmente, pero no siempre, a la tercera va la vencida.
  • Vas al supermercado a comprar algo que te hace mucha falta. Como es sólo un par de cosas no haces lista…y vuelves con un montón de compras…pero sin lo que tanta falta te hacía.
  • Mientras meditas cómo responder  a algo que te han preguntado, piensas en qué habrá para cenar….. Perdón ¿puedes repetirme la pregunta?
  • Te compras otro sistema de organización, para organizar los últimos cinco sistemas de organización. Este sistema va a ser el que por fin ponga tu vida en orden… con un poco de suerte.
  • Estás conduciendo. Te paras ante una señal de stop y te quedas ahí, mirando fijamente a la señal y esperando que se ponga verde. Los claxon de los coches que tienes detrás , te sacan de tu error…

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El Trastorno por Déficit de Atención/Hiperactividad (TDAH) ha sido históricamente un trastorno muy complejo y controvertido. A la falta de un marcador biológico claro, se le une una falta de fiabilidad en los protocolos de evaluación (y por tanto de los criterios diagnósticos) y un crisol de síntomas que empapan casi todas las áreas de la vida del niño. Si además tenemos en cuenta su alta prevalencia (5% de la población infantil según el DSM-V), los esfuerzos por alcanzar una base teórica consistente están más que justificados.

En este sentido, el modelo de las funciones ejecutivas de Russell Barkley (1997) cambia totalmente el enfoque del TDAH y se desvía de los 3 síntomas clásicos (inatención, hiperactividad e impulsividad) para identificar en un mal funcionamiento de la corteza prefrontal la causa de lo que el autor denomina “déficit en la inhibición conductual”.

¿QUÉ ES LA INHIBICIÓN CONDUCTUAL?

La inhibición conductual es definida por Barkley como la capacidad del niño para frenar las respuestas motoras y emocionales que se producen inmediatamente después de la presentación de un estímulo para sustituirlas por otras más adecuadas. En definitiva, el niño debe inhibir por un lado la ejecución de la respuesta impulsiva y evitar por otro los estímulos internos o externos que puedan interferir en dicho proceso (Orjales, 2000). En el espacio de tiempo que existe entre la inhibición de la primera respuesta y la segunda, se ponen en marcha las funciones ejecutivas, que ayudan al individuo a resistir distracciones, fijarse nuevas metas y hacer todo lo necesario por alcanzarlas. Las 4 funciones ejecutivas que Barkley considera alteradas en el TDAH son la memoria de trabajo, el habla autodirigida, el control de la motivación, las emociones y el estado de alerta y el proceso de reconstitución.

1. MEMORIA DE TRABAJO

La memoria de trabajo es la que retiene la información para su utilización una vez que el estímulo ya no está presente. La falta de inhibición provoca que no puedan proteger esta información de la distracción, por tanto ésta es mucho más volátil. En consecuencia, el niño con TDAH es menos capaz de aprender por imitación o de utilizar información almacenada en el pasado para resolver problemas presentes. Además, todo aquello relacionado con el tiempo como la organización, la percepción del paso del tiempo, etc. también queda alterado.

Estos problemas se verán reflejados en problemas a la hora de manejar los tiempos de trabajo en la escuela o en casa, en la incapacidad de repetir algo recién aprendido o repetido por la profesora y dificultades en el área de las matemáticas por olvidar el signo, las llevadas o los datos del problema

2. HABLA AUTODIRIGIDA

Las autoverbalizaciones son consideradas una herramienta muy potente para regular el comportamiento de los niños desde que se comprobó la eficacia del Entrenamiento en Autoinstrucciones de Meichenbaum (Meichenbaum y Goodman, 1971). Esta conversación interna permite a los niños guiar su conducta en base a reglas y perseverar de cara a conseguir metas.

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El déficit que poseen los niños con TDAH en esta área no se basa en la inexistencia de este habla autodirigida, más bien el problema es que sus verbalizaciones son de carácter emocional (“qué rollo”, “qué cansado estoy”, “soy incapaz de hacer esto”) en vez de estar dirigidas a la acción (“ahora debo hacer esto”, “debo llevar cuidado para no equivocarme”, “ahora voy a repasar para comprobar que todo está correcto”), además de que suelen ser verbalizaciones externas o en voz alta en vez de encubiertas o en voz baja. Esto provoca que realicen las tareas de una manera impulsiva y poco planificada, que no se autoevalúen durante la ejecución, que no realicen repasos para encontrar errores o que no sepan auto-reforzarse tras un trabajo bien hecho.

3. CONTROL DE LA MOTIVACIÓN, LAS EMOCIONES Y EL ESTADO DE ALERTA

Identificar y regular las reacciones emocionales facilita la obtención de metas, ya que se podrían bloquear las emociones negativas para el desempeño de la tarea (ira, frustración, aburrimiento) y potenciar las positivas (optimismo, energía, percepción de capacidad). La incapacidad que tienen los niños con TDAH para generar emociones que motiven la acción provoca que dependan en gran medida de reforzadores extrínsecos e inmediatos que les ayuden a perseverar en su objetivo.

Un déficit de esta función provoca explosiones emocionales en el niño, además de una baja tolerancia a la frustración al no saber manejar las emociones negativas. La consecuencia de todo esto pueden ser problemas de conducta asociados a la no aceptación de un “no” o la poca capacidad de perseverar en tareas relacionadas con objetivos a largo plazo (por ejemplo: estudiar para un examen dentro de un mes o comenzar un trabajo que se entrega en dos semanas).

4. PROCESO DE RECONSTITUCIÓN

Los niños con TDAH tienen muchos problemas a la hora de analizar y dividir las conductas observadas en partes pequeñas para poder recombinarlas y diseñar acciones o soluciones nuevas. Esto hace que no sean capaces de generalizar una estrategia aprendida para otros contextos similares.

Esto tiene impacto en el día a día del niño a la hora de encontrarse con situaciones nuevas en las que tiene que aportar nuevas soluciones, ya sean situaciones sociales, académicas o familiares. En el ámbito académico, por ejemplo, será complicado que el niño aplique conocimientos teóricos instalados en su mente a un ambiente práctico (puede saberse las reglas de ortografía de memoria, pero seguir escribiendo mal).

CONCLUSIÓN

El enfoque multidisciplinar es el recomendado por las guías clínicas para manejar el TDAH de una manera más efectiva. La combinación de tratamiento farmacológico, psicológico y psicopedagógico es la herramienta más potente para aliviar los síntomas del trastorno, unido al entrenamiento parental para manejar problemas de conducta en el hogar. Sin embargo, los nuevos hallazgos ponen sobre la mesa la necesidad de incluir una nueva intervención como es la neuropsicológica o neurocognitiva. Lo que parece claro es que no nos podemos quedar únicamente en resolver aquellos problemas “visibles” que tiene el niño, sino que debemos aprovechar la plasticidad del cerebro infantil para mejorar las funciones de la corteza prefrontal para que, consecuentemente, se reduzcan los problemas del resto de áreas.

BIBLIOGRAFÍA

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders. DSM-V. Washington, D.C.: American Psychiatric Association.

Barkley, R.A. (1997). ADHD and The Nature of Self-Control. New York: Guildford Press.

Orjales, I. (2000). Déficit de atención e hiperactividad: el modelo híbrido de las funciones ejecutivas de Barkley. Revista Complutense de Educación, 11(1), 71-84.

Se ha intentado extrapolar que, al igual que hay dietas que causan alergia, pudiera haber alguna relación entre alimentación y TDAH: “La evidencia científica muestra que no existe una relación estrictamente directa, tal como recoge la guía de práctica clínica del Ministerio de Sanidad”, afirma Josep Antoni Ramos. En su opinión, además del hecho de que la dieta pueda o no causar síntomas, la alimentación es capital en los pacientes con esta enfermedad, ya que suelen ser desorganizados, despistados e inatentos, lo que hace que su dinámica de alimentación diaria esté muy alterada: “Olvidan de hacer la comida o se dan atracones; en general, puede decirse que no es una dieta regular ni todo lo sana que debería de ser”, advierte.

Los datos epidemiológicos recogen mayor incidencia de bulimia y de trastornos de la conducta alimentaria no especificados, sobre todo en niños y, por otro lado, mayor obesidad en adultos con TDAH. “Quizá se deba a un trasfondo biológico específico, pero aún lo estamos investigando. Lo que sí sabemos es que, al comparar la población con TDAH con la población sin el trastorno, hay más incidencia de obesidad: puede llegar a entre el 15 y el 30 por ciento, unas cifras elevadas”, destaca Ramos.

TDAH DIETA EQUILIBRADA

El manejo del niño con déficit de atención e hiperactividad y trastorno alimentario se basa en una dieta sana y en la práctica de ejercicio

En cuanto a población infantil, Vanesa Richarte señala que es habitual que los padres refieran que sus hijos tienen problemas alimentarios, ya que son muy selectivos con la alimentación, y que hasta la edad adulta no empiezan a adquirir los hábitos alimenticios. La suma de paciente infantil con trastorno alimentario y TDAH complica el manejo. “Son niños que tienen habitualmente alteraciones del sueño, con lo que el descanso nocturno no es correcto y, por lo tanto, levantarse por las mañanas sea muy costoso. Eso provoca que los tiempos que dedican a desayunar se ven alterados y se pasa por alto lo que consideramos la base de una buena dieta”.

Otro aspecto relevante es que un porcentaje importante de estos niños, además de TDAH, presentan trastorno negativista desafiante: son muy oposicionistas, con una tendencia natural a llevar la contraria, por lo que el hecho de pautar un hábito alimentario específico puede ser más costoso. “Incluso requiere, desde el punto de vista de la salud mental, hacer un buen entrenamiento a los padres para que esas pautas no sean objeto de conflicto y no generen mayor dificultad en el día a día”, recalca Ramos.
Los pacientes pediátricos con TDAH suelen tener problemas en la alimentación, y no adquieren los hábitos nutricionales hasta que son adultos

Hasta fechas muy recientes la evidencia científica señalaba que una dieta libre de aditivos o de colorantes podía ser útil en el control de síntomas de TDAH. Sin embargo, un artículo publicado muy recientemente en The Lancet, basado en una dieta muy restrictiva frente a una dieta no restrictiva en niños con TDAH, logró una reducción de casi el 64 por ciento de los síntomas de la enfermedad en el brazo de dieta restrictiva.

“Es un estudio preliminar y no tiene la metodología rigurosa exigida a un ensayo clínico, pero está publicado en una revista científica y, por tanto, ha pasado muchos filtros de edición. Pero es un estudio abierto, no doble ciego, lo que implica un sesgo porque pacientes y padres sabían qué recibían. Aun así, el resultado debe tenerse en cuenta y estudiarse, aunque hoy en día no se puede recomendar de forma generalizada”.

Otro aspecto controvertido de ese trabajo es cómo mantener una dieta restrictiva en el tiempo. “Durante cinco semanas puede ser viable, pero limitarte a comer una serie de productos toda una vida es muy difícil. Y no sabemos si además pudiera acarrear déficits nutricionales. Una dificultad añadida es cómo realizar este tipo de ensayos, porque un aditivo es fácil de enmascarar, pero limitar alimentos de la dieta complica el proceso. Además, cada estudio con seguimiento estricto y visitas semanales a los niños implica un efecto placebo”.

El manejo del paciente infantil con TDAH y trastorno alimentario se basa, en ausencia de evidencia científica sólida, en una dieta equilibrada y en ejercicio físico. En niñas es más frecuente la bulimia, que comparte con el TDAH la impulsividad. “Los estudios demuestran que el 15-20 por ciento de pacientes con bulimia tienen TDAH. El manejo supone el abordaje de los dos trastornos a la vez con tratamiento cognitivo-conductual, desde el punto de vista psicológico, y la prescripción de medicamentos estimulantes y no estimulantes y cognitivo-conductuales. De hecho, ambos trastornos funcionan como vasos comunicantes: la bulimia tiene un exceso de impulsividad (puede ser debida al TDAH) que, si no se controla, no mejorará la desorganización y la falta de hábitos propia del TDAH; esta desorganización, por su parte, va a limitar el manejo de la bulimia nerviosa”.

Las tres patas de un manejo adecuado

Josep Antoni Ramos resalta la importancia tanto del ámbito sanitario (psiquiatras, psicólogos, neurólogos y pediatras) como del ámbito estrictamente familiar y del escolar para el correcto manejo del TDAH. “Esta enfermedad tiene una base neurobiológica y genética muy importante, pero los factores ambientales pueden agravar los síntomas de la enfermedad y, a lo mejor, una pauta de disciplina o de dinámica familiar errónea pueden incrementar los síntomas del TDAH. O, si desde la escuela no hay una buena percepción del trastorno, también pueden aumentar los síntomas. Por eso es importante manejar los tres ámbitos a la vez”, recomienda. A pesar de que este trastorno se conoce desde hace más de cien años, en determinados colegios no están preparados para atender a los niños con TDAH. El experto reconoce que en esta época “de dificultades económicas y en la que la educación no parece lo más importante, tenemos un 30 por ciento de fracaso escolar en España, un dato alarmante que significa que estamos comprometiendo el futuro y que tenemos que ser muy cuidadosos en el manejo de trastornos que sabemos que pueden condicionar el fracaso escolar. Si abordáramos desde el punto de vista multidisciplinar el TDAH, que está sin duda infradiagnosticado y mal manejado, y también tratásemos mejor otras alteraciones como la dislexia, probablemente mejoraríamos esas cifras de fracaso escolar”.

Dieta equilibrada, fundamental en el TDAH – DiarioMedico.com

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Escrito por Gina Pera
Traducido por la Dra. Elena Díaz de Guereñu
Texto original en inglés

Suelo recibir muchos emails del extranjero, de personas de habla hispana desesperadas por encontrar información y profesionales expertos. Por ello, siempre me gusta conocer a esos profesionales que tienen un interés especial en el TDAH. Hace poco, uno de ellos, la Dra. Elena Díaz de Guereñu, me pidió permiso para traducir al español uno de los artículos de mi blog ​​YouMeADD.org. Por supuesto, me alegré de que mi artículo llegara a los lectores españoles. Lo que es más importante, me emocionó saber que hay una médico en España (en Vitoria-Gasteiz, en el País Vasco) que aborda el TDAH de una manera tan proactiva, tratando a niños y adultos. El diario El Correo publicó este artículo sobre su trabajo.

Tenía curiosidad por conocer la concienciación que hay sobre el TDAH y su tratamiento en España, así que le pregunté al Dra. Díaz de Guereñu si querría responder a algunas preguntas para los lectores de este blog. Estas son sus respuestas.

Elena

1. ¿Qué le interesa del TDAH adulto?¿Cómo y cuándo llegó a él?

Cuando empecé a tratar el TDAH, lo hice con niños y adolescentes. Es el grupo de población donde más reconocido está el trastorno. Sin embargo, la práctica diaria me hizo ver que, con frecuencia, tras un niño con TDAH hay uno (o incluso ambos) padres que reconocen en su infancia los mismos síntomas que ahora presenta su hijo. Han conseguido salir adelante en la vida, pero siguen teniendo cuestiones sin resolver.

Por otro lado, a través de mi blog, orientado en principio al TDAH infantil, he podido comprobar que el trastorno permanece y sigue afectando seriamente a muchos adultos. Estos se enfrentan, además, a la falta de reconocimiento de la persistencia del trastorno tras la adolescencia y, consecuentemente, a la falta de profesionales formados específicamente en su diagnóstico y tratamiento.

Así que estoy en mi camino hacia el tratamiento de adultos con TDAH. Es un tema más complejo pues, frecuentemente, la falta de diagnóstico hace que aparezcan otros trastornos más graves: depresión, consumo de sustancias, trastornos disociales… que dificultan el diagnóstico y el tratamiento. Otros han conseguido salir adelante, pero necesitan poner muchas cosas en orden en su cabeza.

2. ¿Cuál es su formación y dónde ejerce? ¿Tiene una consulta, se dedica a la enseñanza, o ambas cosas?

Me he formado como médico de familia y comunitaria. He desarrollado mi actividad en el campo de la atención primaria, tanto de adultos como de niños.

A través de mi propia familia conocí el trastorno y sus problemas asociados; el primero de ellos, su reconocimiento y diagnóstico. Hace ocho años, había una enorme falta de información sobre el TDAH y un escepticismo generalizado entre quienes deberían diagnosticarlo.

Así, decidí especializarme en el diagnóstico y tratamiento del TDAH. Durante dos años estuve formándome con especialistas (neurólogos, psiquiatras infantiles) y asistiendo a cursos sobre la especialidad. En particular, debo agradecer mis conocimientos a los Dres. César Soutullo y Sergio Aguilera. Hace año y medio, abrí mi propia consulta.

3. ¿Cómo describiría el grado de sensibilización que existe en España acerca del TDAH, en general, y del TDAH adulto, en particular?

Afortunadamente, la situación ha cambiado mucho en los últimos diez años. Hay mayor conocimiento y sensibilidad hacia el trastorno, tanto en el ámbito sanitario como educativo. Han surgido muchas asociaciones de afectados, que son una ayuda inestimable para las familias de los afectados.

Sin embargo, queda aún mucho camino por recorrer. El reconocimiento por la Administración es muy irregular (cada Comunidad Autónoma regula las adaptaciones curriculares de diferente manera, o no lo hace en absoluto). La situación económica ha provocado el recorte de muchas ayudas a personas dependientes, y los niños con TDAH están entre los perjudicados.

Entre los profesionales sanitarios, aún hay quien se muestra reacio a reconocer el TDAH como trastorno o dice que está “sobrediagnosticado”. Afortunadamente, cada vez son menos quienes piensan así.

En cuanto al TDAH adulto, desgraciadamente, la situación es mucho peor. Al cumplir 14 años, los niños dejan de ser tratados por su pediatra y pasan a un médico de adultos. Estos, por lo general, tienen mucho menor conocimiento del trastorno y su manejo; en el mejor de los casos, se limitan a continuar recetando la medicación anterior, sin atreverse a modificarla.

Los psiquiatras de adultos han de tratar con trastornos más severos, por lo que les resulta difícil atender el TDAH.

El TDAH adulto no diagnosticado es quizá el campo donde mayor es la distancia entre España y países como EEUU o Canadá. Es un terreno casi inexplorado.

4. ¿Qué es lo más gratificante de tratar a estas personas?

Según las estadísticas, el tiempo medio que transcurre hasta que una persona con TDAH es diagnosticada está cerca de los seis años. Podemos imaginar el sufrimiento del niño afectado y de su familia durante ese tiempo, las humillaciones, riñas, castigos, la pérdida de autoestima y la frustración de toda la familia.

Cuando, finalmente, descubren que su hijo no es malo, tonto ni vago, sino que tiene un problema con un nombre y una solución, su vida cambia como de la noche al día.

La mayor satisfacción es volver a ver que aquella familia desanimada y abrumada, al cabo de unos pocos meses sonríe y mira la vida con optimismo; que aquel niño que suspendía la mayor parte de sus asignaturas y se creía el tonto de la clase, ahora consigue aprobar y confía en sí mismo.

5. Según una estimación conservadora, el 4% de la población de EEUU tiene TDAH; eso significa unos 10 millones de personas, de las cuales sólo un 10% está diagnosticado, esto es, cerca de un millón. ¿Cuáles son las estadísticas en España? 

La estimación más conservadora, en 2001, es del 1,2% (por debajo de Francia (7,3%) Alemania (3,1%) o Italia (2,8%). Estimaciones más recientes consideran que puede estar en torno al 3-4%.

Más llamativo resulta que, según datos de 2010, sólo un 0,04% de los adultos recibe tratamiento específico para el TDAH; el porcentaje es mayor entre los adultos jóvenes (cerca del 0,2%) que posiblemente fueron diagnosticados de niños. Esto significa que sólo uno de cada 30 adultos con TDAH está diagnosticado y recibe tratamiento.

6. El diagnóstico, en España, ¿se realiza más o menos como en EEUU, esto es, se utiliza el DSM?

Hasta donde yo sé, sí. Utilizamos básicamente las mismas herramientas de diagnóstico, basadas en la clasificación y los criterios DSM-IV (y, próximamente, los DSM-V).

En cuanto al tratamiento, seguimos el esquema de “tratamiento multimodal”: medicación, entrenamiento cognitivo y psicoeducación.

Al igual que en otras partes, también vemos terapias “alternativas” de eficacia nunca demostrada, pero que consiguen atraer a ciertos pacientes.

7. ¿Cuántos psiquiatras y psicólogos preparados para tratar el TDAH puede haber en España?

Es muy difícil de determinar. En España predomina un sistema sanitario público, tanto en Atención Primaria como especializada, que cubre a más del 90% de la población. Dentro de ese sistema, no hay especialistas en TDAH, sino médicos de familia, psiquiatras o neurólogos con mayor o menor experiencia sobre el trastorno.

En cuanto a los psicólogos, son muy escasos los que conocen y tratan el trastorno conforme a los criterios que mencionaba. Puede llegar a ser difícil encontrar uno solo en una ciudad de, digamos, 150.000 ó 200.000 habitantes.

En este sentido, tengo la enorme fortuna de trabajar con uno de los mejores psicoterapeutas que conozco, Daniel Montoya (“ATULADO“, Pamplona) con el que comparto una total sintonía en el método de tratamiento.

8. ¿Se están realizando estudios sobre el TDAH en España?

Sí, hay muchos investigadores dedicados al TDAH. Por nombrar sólo unos pocos, el Dr.  Cesar Soutullo, en la Clínica Universitaria de Navarra, investigador y autor de libros especializados en TDAH infantil y adolescente; el Dr. Josep Antoni Ramos Quiroga, del Hospital Universitari Vall d’Hebron, dedicado al TDAH adulto; el Dr. Celestino Rodríguez, de la Universidad de Oviedo, especialista en problemas de aprendizaje relacionados con el TDAH, al igual que la Dra. Isabel Orjales (Doctora en Pedagogía y profesora en la UNED) y la Dra. Ana Miranda (Universidad de Valencia); por último, el Dr. Joaquín Fuentes es un psiquiatra infantil que trabaja en la Policlínica Gipuzkoa; su investigación está centrada en el TDAH infantil y el autismo…

9. Suelo escuchar muchas noticias  sobre la situación económica en España. Me acuerdo, sobre todo, de las personas que lo pasan peor y me pregunto si ocurre lo mismo que aquí: aquellas personas con un TDAH no tratado tienen más dificultades para obtener un título universitario o para conseguir trabajo y, cuando lo consiguen, están peor pagados. ¿Cree que las personas con TDAH en España lo están pasando peor en esta crisis que las demás?

Sin duda. El fracaso escolar está asociado, en muchísimos casos, a un TDAH no diagnosticado. Problemas laborales, sociales, conyugales y familiares afectan con mayor frecuencia e intensidad a personas con el trastorno.

Los problemas económicos hacen a estas personas aún más vulnerables. Las medidas de protección, adaptación e integración han sufrido recortes dramáticos, dejando fuera del sistema de bienestar a miles de personas. Los más débiles, como siempre, son los más incomprendidos y perjudicados. Sumemos a esto el escepticismo que aún flota acerca del TDAH y podemos imaginar lo complicado de su situación.

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10. Nos conocimos cuando Ud. quiso traducir un artículo de otro de mis blogs, YouMeADD para incluirlo en su blog, ¿no es cierto?

Antes de conocer su libro, tuve contacto con su blog. Lo que más me gustó es la combinación del rigor y ortodoxia de quien conoce el TDAH en profundidad, con el estilo ágil, ameno y adictivo del periodismo americano (que para un europeo, es como decir dos veces periodismo).

Cuando tuve ocasión de leer su libro, no fue ninguna sorpresa la facilidad y rapidez con que lo leí, lo útiles que me parecieron las historias que se recogen y el conocimiento con el que se tratan. Más allá de ser un “manual de autoayuda”, lo que proporciona son bases de conocimiento para saber cómo afrontar el problema y buscar la ayuda de un profesional.

Espero sinceramente que pronto sea posible disponer de la versión española del texto. Estoy segura de que muchas personas lo agradecerán.

  • Un 4% de españoles padecen trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Muchos se enteran en la consulta a la que acuden para tratar a sus hijos.
  • “El TDAH estalla al llegar a la edad adulta porque desaparecen muros de contención como la escuela o la familia”, dice el doctor José Antonio Ramos, psiquiatra del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona.
La falta de diagnóstico en la infancia empeora el trastorno en la edad adulta.
Temas

Según un estudio que hoy publica el New York Times, basado en los datos de Express Scripts, uno de los principales prescriptores de receta del país, el número de adultos que toma medicación para tratar el déficit de atención e hiperactividad se ha duplicado desde 2008 a 2012

Los expertos piden más comprensión hacia este trastorno y advierten de que no es sólo cosa de niños. Según el estudio, aproximadamente 10 millones de adultos americanos podrían padecerlo, frente a los apenas 2’6 que han sido diagnosticados.

“ La primera definición del TDAH la tenemos ya en 1775 y que es un trastorno crónico lo sabemos desde 1902”. El doctor José Antonio Ramos desbarata, de entrada, a cualquiera que se dirija al TDAH como el “trastorno del siglo XXI”. Desde hace 400 años se conoce, pero a día de hoy el 97 por ciento de los adultos que lo padecen, no están diagnosticados. La paradoja alerta a los propios científicos que advierten de la necesidad de tomar conciencia de un trastorno que ha condicionado, sin saberlo, la vida de muchas personas. Entre el 3 y el 4 por ciento de los españoles, según algunos estudios.

Son un auténtico desafío para los especialistas, que en consulta han identificado hasta tres tipos de pacientes: el que ha seguido un tratamiento desde la infancia, pero cuyo trastorno se mantiene en la edad adulta. El del adulto joven que no ha sido diagnosticado y llega a consulta debido a un comportamiento problemático. Y aquellos otros pacientes que derivan desde centros de drogodependencias. En el 89 por ciento de los casos,  el TDAH lleva asociados otros trastornos, como ansiedad, bulimia, ludopatías o adicciones.

Aunque con enorme retraso, que se hable de nuevos casos significa también un éxito “Está empezando a diagnosticarse mejor, y nos tendríamos que felicitar por ello”, dice Ramos, que en 2002 abrió el primer centro de nuestro país para identificar y tratar el TDAH en adultos. Desde el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona su equipo de investigación ha publicado ya casi un centenar de artículos internacionales sobre la prevalencia del trastorno pasada la infancia y la adolescencia.

Por fin, empieza a desterrarse la idea de que va únicamente asociado a los más pequeños y comienza a ser diagnosticado. “La clasificación de trastornos mentales americanos se ha abierto más a la sintomatología del adulto”, dice Isabel Rubió, de la Fundación ADANA, en la que atienden a personas con el trastorno. “Hasta hace muy poco se creía que solo pasaba en niños y adolescentes. Pasaba más desapercibido porque no había unos síntomas de identificación”.

Ana Miranda, catedrática de Psicología Evolutiva de la Universidad de Valencia, y directora de una investigación para el seguimiento en la edad adulta de niños diagnosticados con TDAH comparte el diagnóstico. “Hasta ahora se consideraba que desaparecía en la adolescencia. Ahora se constata que es un trastorno crónico que pude durar a lo largo de todo el ciclo vital”.

Se sabe que el 70 por ciento de los niños que nunca fueron tratados de su trastorno, acabarán padeciéndolo también al llegar a la edad adulta: “es un trastorno del neurodesarrollo, por tanto algunos de los síntomas tienen que haberse manifestado en la infancia. Otra cosa es que hayan pasado desapercibidos”, dice Rubió.

En ocasiones, esos síntomas, en la infancia leves, estallan al llegar a la edad adulta. “Puede que haya sido un niño con TDAH con poca problemática, pero que al llegar a adulto se incrementa mucho, porque desaparecen los muros de contención”, apunta el doctor Ramos. Se caen los patrones de la escuela, de la familia, del núcleo materno… Ese niño ya adulto tiene que organizarse por sí mismo y lidiar con más variables en una vida complicada y eso sobrepasa a estos pacientes.

Un dato revelador lo dan las estadísticas de prevalencia por géneros. En los más pequeños, la brecha se abre del dos por ciento de las niñas al ocho en los niños, pero en adultos la proporción es del uno a dos. La explicación se encuentra en los propios parámetros naturales de comportamiento entre unos y otros, de forma que los niños tienden también a manifestar más síntomas, mientras que las niñas los “silencian”. “Hasta ahora habían sido identificadas como chicas con bajo desarrollo intelectual”, dice Rubió, cuando en realidad padecían un trastorno no diagnosticado.

[Quizás te interesa leer “Los síntomas que identifican un TDAH”]

Precisamente, muchas madres con TDAH se enteran de que lo padecen cuando acuden a consulta por el problema de su hijo y se ven reflejadasen su sintomatología. El trastorno tiene un fuerte componente genético. Tanto, que hasta en el 70 por ciento de los casos, un niño con déficit de atención o hiperactividad tiene unos padres que también lo padecen, en la mayoría de los casos sin saberlo.

Las ahora madres “son niñas que no han sido diagnosticadas porque no han molestado, no han generado una atención por parte de nadie” pero que ahora se ven desbordadas con los síntomas de su hijo, precisamente porque su propio trastorno les impide gestionarlos y responder a ello con eficacia. La situación acaba sobrepasándolas y en algunos casos pueden acabar padeciendo una depresión.

“En los años 40 o 50 la realidad española era muy diferente”, dice Ramos, “las posibilidades de tener un acceso correcto a la salud mental infanto juvenil eran mínimas. Han creido con esa sensación de que no tenían capacidades, cuando en el fondo hay un problema que es reversible”. Cogerlo a tiempo es fundamental.

“TDAH sin metástasis”

“Un oncólogo quiere un cáncer delimitado y sin metástasis. Nosotros nos encontramos casi siempre TDAH con metástasis”, dice este especialista. Buena prueba de la importancia de un diagnóstico temprano.

Los expertos recuerdan que el trastorno debe abordarse desde una perspectiva multidisciplinar y afirman que el paciente reaccionan ya de forma muy positiva cuando se identifican sus síntomas y se les pone una etiqueta. Eso le alivia, porque pone orden a una situación que creía desbordada por su propia incapacidad. A partir de ahí se aplica toda una terapia psicológica y conductual, que, siempre dependiente del grado, suele dar buenos resultados. También la medicación.

“La gente que banaliza el TDAH y lo interpreta sólo como un problema relacionado con las malas notas es porque no ha visto a pacientes. La gran apuesta que tenemos que hacer es predecirlo a tiempo, porque estas personas tienen más riesgo de consumo de sustancias o fracaso escolar. Así podremos hacer tratamientos preventivos”, dice el doctor José Antonio Ramos.

Cerca del 50 por ciento de los adultos con el trastorno desarrollan una adicción a la droga. Unas cifras que destapan un auténtico problema de salud pública y ante el que las autoridades sanitarias aún no han reaccionado. “Sabemos que la obesidad afecta a un porcentaje muy amplio de niños, y hacemos prevención. Pero aquí no. Mejoremos las pautas educativas”, aconseja.

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Todos coinciden en que hace falta más especialización. Universitaria y profesional. “Muchas personas no son diagnosticadas, porque en sus comunidades autónomas no hay especialistas”, afirma la doctora Miranda. Falta formación en las universidades, y los médicos, psicólogos y psiquiatras, deben asumirla por su cuenta. Y también se echa en falta más concienciación social y más sensibilidad hacia este problema. “Es verdad que todavía hay muchas personas que creen que el trastorno no existe, que es un problema de falta de educación de los padres. Es un trastorno reconocido”, recuerda Rubió.

¿Excesivamente medicamentados?

Las autoridades sanitarias de EEUU alertaban en un informe publicado el año pasado del incremento de los diagnósticos de TDAH en niños y también del exceso de fármacos utilizados en su tratamiento. Según el estudio, uno de cada diez adolescentes de secundaria estaría recibiendo medicación en este momento. Algunos expertos veían en estas cifras el intento de mejorar por la vía rápida las calificaciones de los estudiantes y la presión de los padres para variar el comportamiento de su hijo, sin tener en cuenta las consecuencias: insomnio, problemas nerviosos, etc.

El doctor José Antonio Ramos niega tajante que exista una sobremedicación: “Sabemos que el trastorno afecta al 6 por ciento de los niños y ni de largo está medicado el 2 por ciento. Y en adultos es todavía mucho más bajo, sólo el 0’007 por ciento de los adultos reciben medicación, muy por deajo del 3 o el 4 que lo padece”.

Afirma que el debate es un ámbito del desconocimiento, porque las terapias inciden siempre en una dimensión multidisciplinar. “Es como si el niño tiene cuarenta de fiebre. Hay que dar medicación”, dice la doctora Isabel Rubió.

fuente: http://www.finanzas.com/xl-semanal/magazine/20150301/alumnos-tdah-como-encajarlos-8172.html

Alumnos con TDAH. ¿Cómo encajarlos en el sistema?

Daniel Méndez – XL Semanal

Son carne de cañón para el fracaso escolar. Y no son pocos: según las estadísticas, en cada clase con 30 alumnos, dos padecen TDAH. La nueva ley de educación recoge y reconoce por primera vez sus necesidades educativas especiales. Todo un reto para nuestro maltrecho sistema educativo. Y una gran oportunidad. Hablamos con chavales diagnosticados, padres, profesores y especialistas para buscar soluciones.

Mi cabeza es como si tuviera mil pies”.Con esta frase describió cómo se sentía, hace ya mucho tiempo, un pequeño de apenas siete años a su psicopedagoga. Tras el correspondiente análisis, el diagnóstico de la doctora Isabel Orjales Villar fue claro: tenía un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Aquel pequeño se llamaba y se llama José Antonio Madrid y tiene en la actualidad 23 años. ”Efectivamente, parecía que mi cabeza tuviera mil pies. ¡Era un terremoto!”, afirma hoy. «Ahora está en su sitio. Eso sí, mi esfuerzo me ha costado… y me sigue costando. Cuando tienes TDAH, nunca puedes bajar la guardia». José Antonio está orgulloso. Estudia tercer curso de Magisterio Infantil y quiere especializarse en Educación Especial. Las estadísticas contribuyen a explicar su satisfacción: este trastorno neurológico es el responsable de un 20 o un 25 por ciento de los casos de fracaso escolar en España.

Entre aquella lejana visita a la psicopedagoga y la actualidad, José Antonio ha atravesado toda una vida escolar en la que ha vivido situaciones de todo tipo. Desde profesores que no sabían de qué les estaban hablando cuando mencionaban estas siglas hasta otros los menos, dice él que han estado dispuestos a hacer un esfuerzo extra por llevar su aprendizaje a buen término.

Todavía hoy mienta a estos ‘ángeles’ con nombres y apellidos. Y también rememora otros momentos duros. Con compañeros que lo miraban raro o lo criticaban si sentían que el profesor que se implicaba más de lo habitual le estaba dando un trato de favor. ”Hoy, me los encuentro en la universidad y nos saludamos tranquilamente. Eso son cosas de críos”.

Con una tasa de incidencia que ronda el 5 por ciento (algunos estudios lo elevan hasta el 10 o incluso el 20 por ciento), en cada clase de 30 estudiantes nos encontraríamos con uno o dos casos de media. No se trata pues de un problema menor… Aunque sí muy desconocido todavía. Un paso adelante se ha producido con la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), más conocida como ley Wert. Su aplicación progresiva empezó el pasado mes de septiembre, con algunos cursos de primaria. En junio se podrán ver sus primeros resultados.

”Este reconocimiento legal de las necesidades educativas especiales de los menores con TDAH ha sido una de las reivindicaciones de nuestra federación”, explica Fulgencio Madrid, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (Feaadah) y padre de José Antonio Madrid. ”Pero el desarrollo de esta ley sigue correspondiendo a cada comunidad autónoma, y aquí todavía seguimos viendo muchas diferencias entre regiones”.

En algunos casos, como en Murcia o Navarra, sostiene, se están haciendo las cosas bien, pero falta mucho camino por recorrer. Fulgencio echa de menos unos protocolos claros que conecten a los familiares con el sistema de salud y el sistema educativo. Y echa de menos mayor flexibilidad:

”La ley dice que los chavales deben tener unos conocimientos para obtener su título. Pero ¿qué importa que lo manifiesten de un modo u otro? Si a un chaval le cuesta más escribir a mano, ¿por qué no dejarle hacer un examen con ordenador? O si vemos que por escrito no demuestra todos los conocimientos que realmente ha adquirido con mucho más esfuerzo que sus compañeros, ¿por qué no permitirle que haga una prueba oral?”.

Antonio Nieva Martínez es orientador educativo del colegio Sagrado Corazón de Chamartín (Madrid), un centro concertado que se distingue por ofrecer una educación inclusiva para alumnos con necesidades especiales. ”Nosotros tenemos una serie de pautas estipuladas, refrendadas por los especialistas, que aplican los profesores y los tutores a los alumnos”.

Por ejemplo: además de proporcionarles más tiempo en los exámenes, es importante presentarles el texto de las preguntas de una manera visualmente estructurada para ayudarlos en la lectura y la comprensión. ”Además, a última hora del día, el tutor o profesor hace un seguimiento para ver si ha anotado las tareas del día y si lleva todo lo necesario para hacer los ejercicios en casa… En ocasiones, les asignamos un compañero que los ayuda en estas tareas de acompañamiento”.

Sobre la ley Wert, concluye: ”Es muy útil porque sabemos que hay que aplicar a estos alumnos unas medidas de adaptación que son obligatorias. Pero al mismo tiempo pone toda la responsabilidad en el profesor y en el tutor. Hay una imposición por ley para atenderlos, y eso es positivo; pero al mismo tiempo no se dan los medios necesarios. Faltan recursos”.

Falta de atención, dificultad para seguir las instrucciones hasta el final o para organizarse, distracción y facilidad para perder las cosas u olvidar las tareas diarias. Dificultad para permanecer sentado y para estar quieto mueve o retuerce las manos o los pies, corre, habla en exceso y responde antes de que se haya terminado de formular la pregunta, interrumpe…

Con estas palabras define los posibles síntomas del TDAH el Manual estadístico y de diagnóstico de los trastornos mentales (abreviado como DSM-5, porque va por su quinta edición, es algo así como la biblia para los profesionales de la salud mental), que reconoce tres tipos distintos de TDAH: el tipo predominantemente inatento, el tipo predominantemente inactivo impulsivo y el combinado.

“Hay tres características muy singulares resume la doctora Carmen Moreno, que trabaja en la Unidad de Adolescentes del Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, aunque no tienen por qué darse las tres en cada paciente.

Una es la hiperactividad, parece que tienen el motor puesto. Otra es que son muy impulsivos y les cuesta inhibir determinadas respuestas: acaban diciendo lo primero que se les pasa por la cabeza. Y, por último, les cuesta sostener la atención en el tiempo”.

Esta especialista, que asegura que una detección precoz es fundamental ”para no acabar colgándole a un pequeño de 11 años la etiqueta de niño con trastorno de conducta”, pone el acento en las consecuencias que tiene para la autoestima.

”Imagínate a una persona con estas características en clase: aunque no tenga mala intención, acaba siendo disruptivo. Molesta a sus compañeros y puede terminar granjeándose su enemistad. A menudo presenta muchas dificultades en el ámbito social, en clase, pero también en el patio, en actividades menos académicas”.

¿Solución? ”Los colegios necesitan darse cuenta de que es una situación relativamente frecuente y de que puede haber muchas mejorías si se hacen pequeñas adaptaciones”.

Steve Jobs, Tom Cruise, Michael Phelps o Richard Branson fundador de la aerolínea Virgin son algunos de los rostros conocidos afectados por este trastorno.

O el psiquiatra Luis Rojas Marcos, quien, aunque sin diagnóstico, también atravesó su periodo escolar en Sevilla con TDAH. Ha recordado en alguna ocasión cómo empezó a suspender a los 9 o 10 años. Hasta que a los 14 suspendió todo.

”Te preguntas: ‘Qué me pasa, por qué soy así’. Pero el tema de la impulsividad y la falta de atención no se conocía: se te veía como a un niño que no quería funcionar”.

Hoy sabemos que no es eso.

Su trastorno tiene un nombre, unas causas neurológicas y unas pautas de comportamiento en casa y en el aula.

Uno de los mayores especialistas en el tema, el neurólogo norteamericano Russell Barkley, es tajante: ”No se puede negar la intervención porque sea cara. Más caro es no hacer nada. El fracaso escolar resulta enormemente costoso para la sociedad. Se recaudarán menos impuestos relacionados con estos futuros trabajadores, que tendrán peores trabajos, peores sueldos y serán más gravosos para la sanidad”.

José Ramón Gamo. Logopeda y máster especialista en neuropsicología infantil. Director pedagógico de CADE, un centro especializado en TDAH, donde también se imparten talleres para profesores, familiares y afectados.

“El TDAH es la única patología en la que los pacientes son criticados y penalizados por sus síntomas”

  1. Usted tiene TDAH.

J.R.G. Tengo TDAH y dislexia. Antes, estas cosas no se atendían.

  1. Hemos avanzado…

J.R.G. Sí, pero estos niños y sus familias siguen dependiendo más de la voluntad de cada maestro que de la propia escuela o la Administración.

  1. Los profesores ya saben más…

J.R.G. Hace 18 años, predicábamos en el desierto. Hoy, el profesorado busca qué cosas puede implementar en el aula para ayudar a estos chavales. Pero sigue sin haber unas medidas establecidas.

  1. ¿Cuáles podrían ser esas recetas?

J.R.G. Antes, permíteme decir que nuestro sistema educativo actual es una aberración desde el punto de vista neurológico. Se aplica un método que nace en la Revolución Francesa, donde los maestros vuelcan datos, y los niños están con una posición pasiva. Es lo que llamamos una ‘educación bulímica’.

  1. ¿Bulímica?

J.R.G. Hacemos que los niños traguen datos que luego vomitan en los exámenes. En una clase de primaria, el profesor pasa el 50 por ciento del tiempo volcando datos; en secundaria, el 60; y en bachillerato, el 90. ¡Es este método el que provoca el trastorno!

  1. ¿La escuela provoca el trastorno?

J.R.G. Sin duda. La mayoría de los niños con TDAH no tienen trastornos de aprendizaje con métodos diferentes, como el cooperativo, o cuando usa mucho la tecnología y contenidos audiovisuales.

  1. ¿Y qué pueden hacer los profesores?

J.R.G. Exámenes secuenciados. Leer con estos chavales las preguntas del examen, cotejar si se han enterado bien. Muchas veces no terminan de leer el enunciado y ya se ponen a responder. Se le da al niño un folio por pregunta con un control de tiempo. Cuando termina ese tiempo, se le retira y el maestro le pregunta si quiere repasar.

  1. ¿Por qué funciona?

J.R.G. Porque tienen un problema de autosupervisión. Cosas que tú harías mentalmente, como repasar en tu cabeza tu acción, ellos no lo hacen: necesitan acompañamiento. Con este examen secuenciado se obtiene una nota entre 1,3 y 2,2 puntos por encima de su nota en un examen ordinario.

  1. Evitaríamos mucho fracaso escolar.

J.R.G. Este es el grupo de población que más tiempo invierte en estudiar y que menos recompensa obtiene. Muchas veces están abocados al fracaso solamente por el hecho de usar un método de evaluación que se limita a darles una hora para contestar 10 preguntas.

  1. ¿Más recetas?

J.R.G. No limitar el tiempo en los exámenes. La dificultad que tienen en la planificación de la tarea los lleva a que dejen la mitad sin contestar, aunque sepan la respuesta. Otra medida: cotejar lo que saben oralmente. Hacemos el examen escrito por comodidad, pero hay otras opciones.

  1. ¿Cómo es el cerebro de un TDAH?

J.R.G. Cada uno de nosotros tiene tres cerebros. Uno es el de la supervivencia, el emocional, el que responde sin pensar. El que te hace pegar un volantazo si vas a tener un accidente.

  1. ¿Y los otros?

J.R.G. Luego tenemos el cognitivo. Es un cerebro pensante, más racional. Y, además, el ejecutivo, que es lo que te permite dialogar contigo mismo antes de actuar. Las funciones de este último cerebro son las que están afectadas en un niño con TDAH.

  1. ¿Por ejemplo?

J.R.G. Imagínate que mi sistema emocional me indica que me pica la pierna. Mi sistema cognitivo elabora una respuesta y dice «ráscate». Pero imagínate que tienes una urticaria: tú no puedes controlar si te pica o no, pero sí si te rascas, el sistema de regulación es una función ejecutiva.

  1. Que se ve afectada por el TDAH.

J.R.G. Sí, estas funciones ejecutivas son las que forman la capacidad de perseverancia y voluntad; de planificación o de autoevaluarme. Y el sistema de concentración.

  1. Y se meten en líos.

J.R.G. El TDAH es la única patología donde el paciente es penalizado, criticado y castigado por la expresión de sus síntomas. ¡Es una barbaridad!

-¿Cómo lo hacen en Finlandia?

Llevan años practicando la educación inclusiva y ocupa siempre los primeros puestos en ‘PISA’.

EJuho Honkasilta es especialista en TDAH

“En nuestro país, los niños pueden recurrir a tres niveles de apoyo en todo momento”

  1. ¿Cómo responde Finlandia a las necesidades de los menores con TDAH?

J.H. Tenemos un sistema de atención en tres niveles. Cada estudiante puede optar a esos distintos niveles de apoyo en todo momento. Así garantizamos un apoyo individual en la escuela.

  1. ¿Cuáles son esos tres niveles?

J.H. El primero es un apoyo general. Es parte natural del proceso educativo diario y es el profesor quien se ocupa de él.

  1. ¿Y los otros dos?

J.H. Lo llamamos ‘apoyo intensificado’ (nivel 2) y ‘apoyo especial’ (nivel 3). Los ponen en marcha equipos multidisciplinares y es a largo plazo. El nivel 2 recae en el profesor en el aula junto con un educador especial que da clases individuales o en pequeños grupos. Cuando se activa el nivel 3, se realiza un plan individualizado, que puede incluir una educación especial en casa. El objetivo es mantener al mayor número posible de niños en los niveles 1 y 2, sin llegar al 3, que puede aislarlos.

  1. Temen que se los estigmatice.

J.H. En ocasiones, los padres han llamado la atención sobre ello, pero el nivel 3 es poco habitual. Ahora, el TDAH puede acarrear estigmatización. Para evitarlo, hay que escuchar a los niños y tener en consideración sus opiniones en la práctica pedagógica.

  1. ¿Por ejemplo?

J.H. Quizá el profesor está poniendo todo su empeño en proveer una educación especial, pero el estudiante se siente excluido. Al mismo tiempo, la propia etiqueta de chaval con TDAH ya causa estigma. A menudo no quieren que sus compañeros lo sepan, para no ser los diferentes. El sistema finlandés está luchando contra estos fenómenos negativos.

  1. Las clases duran 45 minutos…

J.H. Eso y los frecuentes descansos suponen una ventaja no solo para los niños con TDAH, sino para todos.

  1. En Finlandia no hay que esperar el diagnóstico clínico para que la escuela actúe.

J.H. Los procesos de diagnóstico pueden ser muy largos, y lo importante es que el estudiante reciba un apoyo cuando surge la necesidad. El sistema finlandés es preventivo. Y algo que lo hace muy especial es el uso tan extendido del nivel 2. La apuesta por la inclusión, por que estudien en clases normales con sus compañeros, es muy importante.

  1. ¿Qué ventajas ven en el sistema educativo finlandés?

J.H. El nivel de sus profesores: todos deben poseer un título de máster. Y es una profesión respetada. También tenemos un sistema flexible que se adapta a los distintos ritmos de aprendizaje de sus estudiantes. Y un apoyo multidisciplinar en las escuelas: de salud, psicológico, profesores de educación especial…

  1. ¿Y sus desventajas?

J.H. No todos los municipios ni todos los centros tienen los mismos recursos.

Diario de una madre

Tiene dos hijos con TDAH. No quiere dar su nombre, pero durante años llevó un pequeño diario donde apuntaba su batalla diaria por sacar adelante los estudios de sus hijos. Publicamos un extracto.

-2005-2006

La primera visita al neurólogo: Sara, con 5 años, todavía no sabe leer: ha terminado educación infantil y su profesora nos dice que algo no marcha. Visitamos un neurólogo, y llevamos también a Álvaro, de 7 años, siempre despistado. Diagnóstico: normalidad, pero recomienda estudio psicológico. Así comenzó nuestro peregrinaje de especialista en especialista, hasta lograr un diagnóstico de TDAH, que no llegó hasta el año 2011.

-2006-2007

La maestra inflexible: Sara empieza primaria. No lleva ni un mes y su profesora ya ha decidido que va a repetir, que debía haber repetido ya, pero como no ha sido así se encargará ella misma. La maestra nos muestra, embobada, los trabajos de niños con sobresaliente, no se da cuenta de que a ella la nota se la va a dar el éxito que obtenga con un niño con TDAH. Álvaro, de 8 años, hace cuentas a diario. Son larguísimas y le salen mal. Por un día que le salen todas bien, su profesora sentencia: «Muy sucio».

-2007-2008

«¡Mal, no Atiendes!»: Sara siempre cuida la presentación. Tiene un buen sentido de la proporción y el color. Su letra es fina, madura y agradable. Hace los deberes con mimo, usa colores, pero comete un error tras otro. La profesora tacha con rotulador grueso cada página. «¡Mal, no atiendes!». Sara no dice nada. Se me parte el corazón. Álvaro es brillante exponiendo oralmente, pero eso no le sirve de nada porque no le computa en la nota. En los exámenes escritos falla estrepitosamente.

-2008-2009

Diagnóstico: son vagos: Sara no usa los dedos para las cuentas. Es buenísima en cálculo, pero los problemas… Lee por encima el texto y al instante decide que suma esto y resta lo otro y multiplica lo de más allá. Álvaro y Sara no siguen el ritmo de la clase, se dejan los libros en el cole y los cuadernos con las tareas hechas en casa. Nunca saben qué deberes tienen. Ni cuándo hay un examen. Ortografía, horrible. Pero son buenos y trabajadores. Valoración de los profesores: vagos.

-2009-2010

Notas catastróficas: Suspensos y suspensos. Pero no me cuadra. Mis hijos no son tontos. Y no hacen otra cosa más que estudiar. Se despistan, hay que estar pendientes. Monitorizarlos. Su abuelo, que fue profe, ayuda a Álvaro con el álgebra, pero suspende igual. «¡Si sabes muchas mates!», le dice el abuelo, que no entiende qué pasa. A veces creo que Álvaro no es capaz de materializar sus conocimientos, como si la espesa motricidad de su escritura lo llevara a alguna especie de «espesor intelectual».

-2011-2012

Tanto esfuerzo…: Sara es una niña alegre, pero ha perdido la esperanza. No quiere ir al psicólogo. Está harta. Va a los exámenes con ilusión y, cuando trae su montaña de suspensos, te dice: «¿Ves, mamá?». Pero a continuación se pone a trabajar. Es fuerte. Álvaro también parece optimista. Pero es una máscara. Es ya adolescente y su padre y yo lo seguimos de cerca. Sabemos que debe ser capaz de hacer solo el recorrido, pero le falta motivación; nunca ha visto que el esfuerzo reporte triunfos.

-2013-2014

Cambio de tercio…: Los cambiamos de centro. Aquí, las cosas son distintas. Pueden hacer exámenes orales, más tiempo para las respuestas y, sobre todo, valoran el trabajo diario, los progresos, y no solo el examen. A pesar de todas las dificultades y de la baja autoestima de mis hijos, empiezan a mejorar. Pero siempre a costa de un sobreesfuerzo constante y agotador para los niños y para nosotros, sus padres.

-2014-2015

Guardar el talento: Álvaro tiene 18 y Sara, 16. Están saliendo adelante. Aprueban. Y lo que es mejor, salen con amigos… Antes no tenían. Su padre y yo seguimos estudiando con ellos. Hay quien nos lo critica. «Si no pasa nada, cada uno es como es, ¡tu hijo será artista!», dicen. Vale, pero entonces que nadie ridiculice sus despistes o tache sus trabajos, que ensalcen su imaginación y que puedan demostrar lo que saben, más allá de un examen. Y así lleguen a ser artistas… O lo que se propongan.

TDAH a lo largo de la vida

Publicado: 20 marzo, 2015 en Sin categoría

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un trastorno que, en mayor o menor grado, persiste a lo largo de toda la vida. En el caso del TDAH no tratado se considera que sólo en un 10 – 20 % de los casos existe lo que se denomina una remisión funcional, es decir, ausencia de manifestaciones del trastorno con repercusión en la vida del individuo (Biederman, 2005). Según distintos estudios, un 75 % de niños con TDAH serán adolescentes con TDAH y, de estos adolescentes, un 50 % serán adultos con TDAH (Wilens, 2004). La prevalencia del TDAH en la población adulta se calcula entre el 3-4 %.

La repercusión en la vida adulta puede deberse a síntomas residuales del TDAH, a la repercusión o problemas secundarios al TDAH de la infancia o ambas cosas a la vez. Los problemas secundarios serán los derivados de la escasa formación académica, problemas sociales, conductas de riesgo, etc.

Aproximadamente un 20 % de niños TDAH serán adultos con sintomatología grave. El tratamiento durante la infancia va a incidir en la prevención de los problemas secundarios, especialmente los derivados del fracaso escolar, baja autoestima y marginalidad social.


El pronóstico a largo plazo del TDAH

El mejor resumen de la perspectiva evolutiva del TDAH es que no existe un único pronóstico. Pudiendo resumir los resultados identificando tres grupos en la edad adulta:

1) Aquellos cuyo funcionamiento es tan bueno como el de aquellos sin historia infantil de TDAH.
2) Aquellos con psicopatología importante.
3) El grupo más grande, aquellos que tienen algunas dificultades con la concentración, el control de impulsos y el funcionamiento social.

Los porcentajes informados varían ampliamente entre los diferentes estudios. Hetchman (1996) analizó muchos de los asuntos metodológicos relevantes, y uno clave es la forma en que han sido identificados los adultos (por sus propios hijos, mediante estudios de seguimiento basados en su propio comportamiento en la infancia, por autoderivación, mediante ensayos clínicos, etc.).

El riesgo de desadaptación posterior también afecta a los niños que no han sido derivados a la clínica y a los no tratados en absoluto. Los estudios han mostrado que los comportamientos hiperactivos impulsivos son un riesgo para varios tipos de disfunciones del adolescente. Se ha informado que la falta de amigos, de trabajo y de actividades de ocio constructivas es prominente y afecta la calidad de vida. Niveles variados de hiperactividad e impulsividad también hacen que los niños desarrollen con mayor probabilidad una evolución antisocial y también aumenta la probabilidad de presentar trastornos de la personalidad, o abuso de sustancias en la adolescencia tardía y en la edad adulta (NICE, 2009).

Diversos estudios también hallaron que el TDAH infantil puede predecir trastornos psiquiátricos específicos en adultos, trastorno antisocial de la personalidad y abuso de drogas. Además los niños hiperactivos tenían resultados educativos significativamente inferiores y más trastornos de conducta que sus pares de la misma edad
Los estudios de comorbilidad psiquiátrica en adultos con TDAH hallaron depresión mayor, trastorno bipolar, trastornos de ansiedad y de personalidad. También informaron de tasas altas de trastorno antisocial y por abuso de sustancias, así como puntuaciones más bajas en el cociente intelectual (CI) total, vocabulario y lectura.

Aunque los síntomas del TDAH persisten en la mayoría de los casos, es importante recordar que muchos jóvenes con TDAH tendrán una buena adaptación en la edad adulta y estarán libres de problemas mentales. Probablemente, el pronóstico será mejor cuando predomina la inatención más que la hiperactividad-impulsividad, no se desarrolla conducta antisocial, y las relaciones con los familiares y con otros niños son adecuadas.

Es necesario realizar más estudios sobre la evolución del TDAH en niños y adolescentes hacia la edad adulta, que deberían incluir el pronóstico a largo plazo junto a los posibles beneficios (y riesgos) del diagnóstico y tratamiento precoz (NICE, 2009).